Jaime no persuadió más a Gaetano, sabiendo la razón que había detrás de las palabras de éste.
«Después de todo, el SeñorSoto es un alquimista de Quinto Nivel Superior, así que debería saber si hay algo mal con su salud.
Mientras tanto, Rolando sintió vértigo en su interior al ver que Gaetano y los demás parecían desorientados y pálidos.
Sin embargo, la visión de Jaime charlando alegremente con un claro intelecto lo dejó perplejo.
Rolando se levantó y lanzó una mirada a Perla.
Ésta se apresuró a seguirlo al exterior mientras Gaetano se distraía.
Jaime vio a Perla corriendo detrás de Rolando, pero decidió no expresarlo.
—¿Tomó Jaime la droga, Perla? —Rolando preguntó.
—Sí. En ese momento, lo puse en la olla y presencié con mis propios ojos cómo Jaime y mis maestros se tomaban el café. ¿Cómo puede haber algún error? —dijo Perla con expresión firme.
—Qué extraño. ¿Por qué este tipo no muestra ningún signo de envenenamiento?
Rolando frunció las cejas con cara de perplejidad.
—Rolando, ¿podría ser que el físico de cada uno es diferente, por lo que el efecto de la droga también es diferente? —sugirió Perla.
—Es posible. Ya que ha tomado la medicina, no hay nada de qué preocuparse. El primer lugar en esta competencia de seguro será mío.
Una sonrisa se dibujó en los labios de Rolando.
—Rolando, después de que ganes el primer puesto esta vez, ¡debes recordar tu promesa de llevarme lejos, muy lejos! —le recordó Perla mientras le tomaba de la mano.
—No te preocupes. Ya eres mía. ¿A quién más voy a llevar conmigo aparte de ti?
La tierna caricia de Rolando en su rostro la deleitaba.
Aproximadamente una hora después, sonaron varias campanas melodiosas y todos los presentes se pusieron en pie.
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