Tras charlar con ellos, Jaime se enteró de que habían comenzado su carrera como ladrones tras aprender a teletransportarse en unas antiguas ruinas por accidente.
Sin embargo, esa técnica de teletransporte en particular tenía un alcance limitado de decenas de metros, que fue como escaparon antes de la red arcana de Jaime. Empezaron usando su energía para abrir un pequeño agujero en la red arcana. Una vez que el espacio interior y el exterior estuvieran conectados, podrían escapar a través del teletransporte.
Jaime tuvo una epifanía al escuchar su historia. Había pensado que los Tres Bandidos eran adversarios formidables, pero no esperaba que utilizaran el teletransporte en su lugar.
Sin embargo, admitió que era una buena técnica, aunque de alcance limitado. La técnica era similar al Anillo Necro de Saulo, que era un objeto mágico que permitía a su usuario teletransportarse a cientos de metros de distancia. Por desgracia, se había roto tras varios usos después de sufrir daños.
—Ya que han accedido a obedecerme, ¡entreguen su espíritu corporal para demostrar su lealtad! —Jaime ordenó al trío.
—Um...
La mera mención de entregar sus espíritus corporales provocó un sentimiento de vacilación entre los tres hermanos. Después de todo, hacerlo equivalía a entregar sus vidas a Jaime.
Sin embargo, su pausa provocó un bufido de Jaime.
—Si se niegan a hacerlo, les quitaré la vida en su lugar. Pero no se preocupen, sólo los mataré y no destruiré sus restos de alma. Quién sabe, quizá tengan suerte y resuciten en algún momento del futuro.
Justo cuando estaba a punto de entrar en acción, los Tres Bandidos se acobardaron ante sus palabras.
—Señor, perdónenos... Haremos lo que dice ... Los entregaremos.
Con ello, el trío expulsó sus espíritus del interior de sus cuerpos.
Tras almacenar sus espíritus corporales, Jaime arrancó las máscaras del trío con otro gesto de la mano.
—Ahora que me sirven, tienen que dejar de cometer delitos menores. Avísenme si necesitan algo —les dijo Jaime.

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