Ivana cerró los ojos y las lágrimas rodaron por sus mejillas.
—Si hay una próxima vida, espero poder estar a tu lado, Jaime. —Ella creía que era imposible que se quedara con Jaime después de haber sido mancillada por Tigro.
—¡Ivana! ¡Ivana! —gritó Yoel mientras veía cómo el traidor se llevaba a su hija, pero fue inútil.
Pronto, Ivana y Tigro desaparecieron de su vista.
Las lágrimas corrían por sus mejillas.
«Por culpa de mi error, ¡mi hija se ve obligada a someterse a Tigro!».
Yoel perdió las ganas de vivir. Se volvió hacia Zandro y le dijo:
—¡Mátame, Zandro!
—No te preocupes. No te dejaré vivir. Debe ser horrible que te traicione alguien en quien más confías, ¿eh? Me pregunto lo feliz que se pondrá mi padre cuando sepa que he tomado el control de Ciudad Imperial de las Bestias sin sacrificar ni un solo soldado —dijo Zandro con orgullo.
En ese momento, una mirada fría pasó por los ojos de Julio. Un aura aterradora estalló de su cuerpo, creando un tornado que arrastró a mucha gente al suelo, incluido Zandro porque no estaba preparado.
—¡Vamos, Majestad! —Julio agarró la muñeca de Yoel y saltó de ahí.
Antes, Julio no actuó cuando Yoel e Ivana aún estaban cerca porque no sabía a quién salvar. Además, su propia hija seguía en palacio.
Como Tigro se había llevado a Ivana y Yoel estaba en peligro, Julio decidió salvar a su rey.
Por supuesto, sabía que su hija tal vez estaría condenada una vez que salvara a Yoel, pero no tenía otra opción.
—¡Maldita sea! ¿Dónde crees que vas? —Zandro se levantó y saltó hacia abajo—. ¡Atrápenlos!
En un abrir y cerrar de ojos, innumerables soldados bestia persiguieron a Yoel y Julio.
—¡Déjelo, Majestad! Yo los retendré —exclamó Julio.
Con expresión adusta, Yoel se despidió de Julio.
—Cuídate, Julio.
Sabía que Julio planeaba sacrificarse para ganar tiempo.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)