—Puedes... —Zandro susurró al escuchado de Tigro.
Con la cara desencajada, Tigro exclamó:
—¿C-Cómo voy a hacerlo? Sería traición, que se castiga con la muerte.
Sacudió la cabeza con vehemencia.
—Poderoso Tigro, aunque no lo hagas, ¿de verdad crees que el rey Yoel te dejará libre? Ya no eres importante para él, ¡pues trata mejor a un humano que a un general como tú! Además, si haces lo que te digo, no sólo te convertirás en el nuevo rey, sino que también harás tuya a Ivana. Acabarás siendo el vencedor final en esta lucha. Una vez que te conviertas en rey, Ciudad Nortera se aliará con Ciudad Imperial de las Bestias. Ninguna otra raza de bestias se atreverá a desafiarnos después de eso. —Zandro persuadió a Tigro.
Las palabras de Zandro hicieron vacilar a Tigro. No le interesaba el poder, ni siquiera convertirse en rey. Sin embargo, era a Ivana a quien no podía olvidar.
Lo único que le importaba era hacerla suya, pues más de una vez había soñado con acostarse con ella. De hecho, ni siquiera sabía cómo podría seguir viviendo sin ella.
—Zandro, ¿funcionará de verdad? ¿Y si el rey Yoel se entera? ¿Qué debo hacer si me encierra en cuanto regrese? —preguntó Tigro con ansiedad.
—No te preocupes, Poderoso Tigro. Esta droga es indetectable debido a su falta de sabor y olor. Además, no es mortal y sólo hará que los órganos se revuelvan, impidiendo que quien la consuma desate su poder. A tu regreso, finge que has cometido un error e invita a comer al rey Yoel y a Ivana, y aprovecha para añadir la droga a la comida. Ahora regresaré a Ciudad Nortera para reunir a mis hombres. Cuando llegue el momento, tomaremos la Ciudad Imperial de las Bestias coordinándonos desde dentro y desde fuera. Sigues siendo el general de la guardia real. La mayoría de los guardias recibirán y obedecerán órdenes tuyas.
Zandro siguió dando instrucciones detalladas a Tigro.
Tigro apretó los dientes. Dudó un instante antes de asentir.

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