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El camino de venganza de la heredera rota romance Capítulo 95

Kate se emocionó cada vez más mientras hablaba, su voz se volvió grave por la tristeza hasta que rompió a llorar. Al escuchar las palabras entre lágrimas de su abuela a través del móvil, Félix sintió una opresión desconocida en el pecho. Respiró hondo y la consoló:

—No te preocupes, abuela.

Kate seguía inquieta.

—Félix, Laurie no está muy bien ahora. Tienes que consolarla un poco más.

—Sin duda —respondió Félix.

—Ha sufrido demasiado, pobre niña. Su corazón está lleno de dolor. Tienes que cuidarla, hablar con ella y ayudarla a curarse.

—Abuela, sé lo que tengo que hacer —respondió.

Kate siguió recordándoselo una y otra vez, cubriendo todos los detalles. Desde hacerle la sopa para que recuperara la sobriedad hasta arroparla por la noche, asegurándose de que estuviera a salvo. Félix escuchaba con paciencia, respondiendo de vez en cuando.

Al mismo tiempo, Lauren ya se había emborrachado hasta quedar en estado de estupor. Tiró la botella vacía a un lado, su esbelta figura se balanceaba inestable. Estuvo a punto de desmayarse. Félix extendió la mano por instinto y la atrapó. Lauren tropezó en sus brazos sin fuerzas, sus ojos estaban llenos de confusión mientras inclinaba la cabeza y preguntaba:

—¿Quién eres?

Él terminó la llamada y la estabilizó.

—Estás borracha —dijo en voz baja.

Lauren actuó como si no lo escuchara. Su dedo tembloroso se extendió y golpeó el puente de su nariz. Su discurso era confuso, pero su tono era serio.

—Eres Elliot, ¿no? ¡Eres Elliot! —De golpe, cambió de humor. Frunció el ceño y alzó la voz furiosa—. ¡Elliot, te odio! ¡No eres mi hermano! Vete. No necesito un hermano como tú.

Cuando Lauren terminó de hablar, empujó a Félix con todas sus fuerzas, para él no fue más que un gatito que le daba pataditas. Ella, sin embargo, perdió el equilibrio por la fuerza de su propio empujón y cayó hacia atrás. Félix se movió rápido, su largo brazo rodeó su esbelta cintura y la atrajo hacia él.

—No soy Elliot —explicó paciente.

Lauren ladeó la cabeza, parpadeando con fuerza como si tratara de enfocar.

—¿No eres Elliot? Entonces, debes de ser Lucas. Lucas es igual de malo. —Las mejillas se le hincharon de indignación—. ¡Te odio más que a nadie! Crecimos juntos en el orfanato. Dijiste que me protegerías, pero en cambio ayudaste a Willow a acosarme. Dijiste que estudiarías derecho para meter en la cárcel a la gente que me lastimara. Pero tú… Tú mismo me enviaste a la cárcel…

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