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El camino de venganza de la heredera rota romance Capítulo 380

El recuerdo de la humillación carcomía a Alice hasta la demencia. A pesar de ello, la idea de morir le era insoportable.

Lauren había renacido. Esta vez, la rodeaban el amor familiar y el respaldo de amigos influyentes. Alice preveía para ella una existencia aún más gloriosa. Si Lauren elegía no volver a su lado, Alice se resignaría a ofrecerle su bendición desde lejos.

En lo que respecta a David y Willow, esas almas despreciables, Alice no tenía la menor intención de permitirles vivir en paz.

Anteriormente, Willow había drogado a Lauren con la intención de mancillarla. Cuando Lauren se defendió, Alice le propinó un golpe con un cenicero que le abrió la cabeza. La dejó abandonada, sangrando en el suelo frío, esperando su muerte.

«Lauren, debes ser feliz. Aunque nunca me perdones, aunque nunca me llames mamá, te protegeré durante el resto de mi vida. Viviré solo para ti».

Los ojos de Alice se llenaron de una determinación salvaje y mortal.

Tomó una piedra del suelo y, sin dudarlo, se la estrelló directamente en el ojo de David.

—¡Ah!

La noche resonó con el alarido de David, mientras la sangre manaba de su ojo dañado.

Alice permaneció impasible, observando su agonía retorcerse.

En su vida anterior, David había sido quien la había apuñalado en el ojo.

Siendo marido y mujer, las lesiones fueron tildadas de altercado doméstico. No hubo ni justicia ni represalias.

«Bien».

En esta existencia, ella emularía sus acciones. Si cegaba a David, ¿qué importaba? Ya nadie podría detenerla.

Alzando el pie, lo estrelló con ímpetu sobre la cabeza de David, aplastándola sin clemencia con el tacón.

—Tsk, tsk… David, ahora sí que pareces un perro. No, eso no está bien. Hasta un perro sabe mover la cola cuando me ve. No eres más que un chucho desagradecido.

David sintió su cráneo a punto de estallar bajo el peso del tacón. Jamás había presenciado tal furia en Alice, y ahora, viéndola así, el terror lo invadió por completo. Abrumado por el miedo, se desmayó al instante. Sin embargo, Alice no pensaba dejarlo escapar tan fácilmente. El sufrimiento que él le causó en su vida anterior no se saldaría simplemente con su muerte. Lo arrastró sin miramientos, como si fuera un simple saco de carne. Al llegar al apartamento, voces provenientes del interior interrumpieron la escena.

—Tómate tu tiempo, Willow. Son todas para ti.

—Gracias, Elliot. Tú eres mucho mejor conmigo que mamá. Ella siempre me grita y me pega. No quiero que sea mi madre.

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