Por un momento, todos los presentes en la sala agradecieron en silencio a la familia Bennett de Hoverdale por ser tan ciega como para abandonar a una hija tan dotada en un orfanato.
«Una niña bendita no tiene lugar en un hogar maldito».
La señora Shirley acunó a Lauren suavemente en sus brazos, acariciándole la cabecita.
Misma especie, cerebros diferentes. Su Lauren era así de inteligente.
Las comparaciones realmente eran el ladrón de la alegría.
—Lauren —dijo la señora Shirley con calidez—, ¿qué tal si te organizo una gran fiesta para celebrar tu admisión?
Lauren se sentó allí con su aspecto dulce y obediente de siempre.
«Por fin tendré una celebración para mí sola».
En su vida anterior, tanto ella como Willow habían ingresado a la universidad. Willow fue admitida en una institución de segundo nivel, mientras que ella logró entrar a la prestigiosa Universidad de Punta del Norte, la mejor de Coruña. Sin embargo, la familia Bennett solo celebró una fiesta para Willow. Fue en esa misma celebración, frente a todos los invitados, donde Lauren fue arrestada y llevada. A partir de ese momento, sus vidas tomaron caminos completamente diferentes. Willow se convirtió en la hija adorada de la familia Bennett, la niña mimada de la élite social de Hoverdale. Lauren, en cambio, fue vista como una criminal por la ley.
Pero en esta nueva vida, todo había cambiado radicalmente. Tenía un padre, una madre y un hermano que la amaban profundamente. Contaba con amigos que la valoraban y no la menospreciaban. Y ahora, finalmente, tendría su propia celebración. Lo que más la atormentaba de su vida pasada no era la incriminación, sino el hecho de que, tras ganarse su lugar en la universidad, nunca pudo asistir. Pasó esos años tras las rejas. Pero esta vez sería diferente. Esta vez, experimentaría realmente lo que significaba ser una estudiante universitaria. La emoción la invadió, y las lágrimas comenzaron a brotar sin que pudiera evitarlo. La señora Shirley entró en pánico al verla así.
—Cariño, ¿por qué lloras?
Lauren abrazó a su madre con fuerza por el cuello.
—Gracias, mami. Gracias por traerme a casa. Si no fuera por ti, nunca habría tenido una fiesta como esta.
El corazón de la señora Shirley se derritió aún más.
—No llores. Todo lo que tengan los demás, tú también lo tendrás. Y lo tuyo será aún mejor.
Con sus largos brazos, el señor Timely las envolvió a ambas en un cálido abrazo. Víctor se unió rápidamente, rodeándolas también con sus brazos. Los cuatro, acurrucados juntos, llenaron el ambiente de amor y calidez. Sin embargo, como era de esperar, alguien interrumpió ese hermoso momento.
—Lauren, he venido a llevarte a casa.
La voz de Alice se oyó desde fuera de la villa.
—No puede entrar —protestó una criada.
—¡Apártese! ¡Mi hija está ahí dentro!
Alice luchó y gritó, logrando abrirse paso a empujones.

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