Como su dulce mamá insistió en llevarla en brazos, Lauren no discutió. Se acomodó en los brazos de Shirley como una auténtica niña de mamá e incluso le dio un gran beso como recompensa. Shirley se derritió.
Cuando entraron en el comedor, Timely y Víctor ya estaban sentados a la mesa, esperando. La familia de cuatro comió junta y en paz. Después del desayuno, Timely se fue a trabajar. Fue entonces cuando se escucharon voces desde afuera de la casa. Chicos jóvenes gritando a través de la puerta principal.
—¡Víctor! ¡Vinimos a conocer a tu hermanita!
En cuanto Víctor los escuchó, se levantó como un rayo y agarró a Lauren de la mano.
—¡Vamos, Lauren! Tenemos que escondernos.
Lauren parpadeó confundida.
—¿Qué? ¿Por qué?
No le explicó nada, solo se echó a correr, arrastrándola detrás de él. La hermana pequeña de Víctor era demasiado adorable. No podía dejar que esos tres tipos molestos se la robaran. Lauren estaba perdida, luchando por mantener el ritmo con sus cortas piernas mientras él tiraba de ella por el pasillo.
Salieron corriendo al jardín trasero, donde las flores florecían en todas direcciones y el aire estaba impregnado de fragancia. Víctor se metió en un macizo de flores, arrastrando a Lauren con él. La miró con el rostro serio y dijo:
—Vamos a jugar al escondite. Escóndete aquí y yo vendré a buscarte más tarde. No puedes salir hasta que yo te encuentre, ¿vale?
Lauren lo miró con extrañeza.
«¿Me arrastró hasta aquí solo para jugar al escondite?».
Ladeó la cabeza, con los ojos muy abiertos e inocentes. Sus espesas pestañas se enroscaban sobre unos ojos grandes y parpadeantes que brillaban como pequeñas lunas. A Víctor casi le estalla el corazón. Era demasiado linda. Si Flynn y Jim la vieran, se presentarían en su casa todos los días intentando jugar con ella, y eso significaría menos tiempo para él.
Félix no le preocupaba tanto. De todos sus amigos, Félix era el más frío. Nunca mostraba interés por nadie. Sin expresiones, ni opiniones. Era inexpresivo todo el tiempo. No había forma de que a Lauren le gustara un tipo así. A los otros tenía que mantenerlos lejos, muy lejos. Víctor ahuecó sus suaves mejillas entre sus manos.
—Prométeme que permanecerás escondida, ¿de acuerdo?
Lauren enarcó una ceja.
«Me está escondiendo a propósito».
No discutió. Después de todo, ella era adulta y Víctor solo un niño de diez años. Por ahora le seguiría el juego. Esbozó una dulce sonrisa.
—De acuerdo. Lo que tú digas.
Víctor no tenía ninguna defensa contra esa sonrisa. Se inclinó y le plantó un beso rápido en la frente.

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