El corazón de Lauren se contrajo al instante, y gritó: "Sr. Brooker, ¿cómo estás? No te preocupes por mí; solo soy una carga, no vale la pena tu sacrificio".
Era como si Félix no la hubiera escuchado; la abrazó aún más fuerte. En ese espacio estrecho y oscuro, su respiración se volvió pesada y rápida.
Lauren podía sentir claramente el latido del corazón de Félix, pero a medida que pasaba el tiempo, se volvía más débil.
Sus lágrimas fluían sin parar, llenas de culpa. Si no fuera por ella, Félix no estaría en una situación tan desesperada.
"¡Félix, no puedes morir. ¡Prometiste que estarías conmigo toda la vida!" La voz de Lauren fue absorbida por la lluvia y el trueno.
"No... tengas... miedo..." La voz de Félix era increíblemente débil. Lauren no podía escucharlo, mucho menos verlo.
Todo lo que podía sentir era a Félix tendido inmóvil sobre ella, sin responder. El miedo de Lauren surgió como una marea, y gritó pidiendo ayuda, su voz impregnada de desesperación interminable.
Pero por más que gritara, nadie respondía.
El barro seguía acumulándose, y el aire se volvía más delgado. Lauren sentía que su cerebro se mareaba; respirar se volvía cada vez más difícil, su conciencia se desdibujaba poco a poco hasta que finalmente se desmayó por completo. Después de un tiempo desconocido, Lauren volvió en sí lentamente.
Antes de abrir los ojos, olió el fuerte olor a desinfectante en el aire.
La imagen de Félix protegiéndola antes de desmayarse pasó por su mente. De repente abrió los ojos y se encontró en un hospital.
El techo blanco, las paredes blancas y el pitido de varias máquinas le hicieron darse cuenta de que seguía viva.
Pero no le importaba en absoluto ella misma; quería ver a Félix inmediatamente. Lauren intentó levantarse de la cama para encontrar a Félix, pero descubrió que su cuerpo estaba completamente insensible; se sentía entumecida por completo.
¿Qué está pasando? ¿Estoy paralizada?
"¡Enfermera! ¡Enfermera!" Lauren llamó en voz alta, con voz de pánico.
Pronto, una enfermera regordeta con mascarilla entró con una silla de ruedas.
Lauren preguntó con urgencia: "¿Dónde está Félix? ¿Cómo está él?"
La enfermera respondió con indiferencia: "Está bien. Si quieres verlo, puedo llevarte a él".
Tan pronto como la mujer habló, Lauren sintió una sensación muy familiar, pero no pudo recordar por qué. Su mente estaba llena de pensamientos sobre Félix, así que no se detuvo en ello.
"De acuerdo, llévame a él rápidamente." Lauren instó impacientemente.

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