La voz de Lauren era plana, sin emoción. "Me dejaste tirada en ese suelo helado como si no fuera nada. Nadie se preocupó por mí. Si no me hubiera despertado y arrastrado fuera de la Residencia Bennett, habría muerto esa noche. Y tú no estarías aquí para presenciar nada de esto. Solía preguntarme si era mi culpa, si tal vez no era lo suficientemente buena, y por eso me odiabas tanto. Pero luego me di cuenta... no se trataba de mí. Era tú. Todos ustedes. No son normales. Ni siquiera son decentes. Así que no, no te estoy devolviendo el dolor que me diste. Solo te estoy poniendo en tu lugar. Y honestamente, deberías estar agradecido de que eso es todo lo que estoy haciendo."
Cada palabra golpeaba como un golpe en el pecho. Alice sentía como si la estuvieran desgarrando por dentro.
Todas las cosas horribles que le había hecho a Lauren volvieron a ella: cada elección, cada momento de crueldad, cada uno cortando más profundo que el anterior.
No podía respirar. Su pecho le dolía como si le estuvieran destrozando el corazón.
Y en ese momento, se dio cuenta de la brutal verdad, que ni siquiera merecía disculparse.
Lo que le había hecho a su propia hija estaba más allá del perdón. No era solo cruel, era monstruoso.
No le debían compasión. No merecía amabilidad.
Porque Lauren había sido tratada peor que un animal en la familia Bennett, y Alice había permitido que sucediera. Peor aún, había ayudado.
Josh arrastró a Alice mientras se desplomaba, sin fuerzas. Sus piernas se arrastraban detrás de ella, dejando rastros en el suelo.
Sus ojos estaban vacíos. Sin alma. Como si lo poco de humanidad que le quedaba finalmente la hubiera abandonado.
Luego fue el turno de David y Willow.
David no tenía nada más que temor.
Lauren no se había contenido con su propia madre, ¿qué esperanza tenía él? Él era quien más la había destrozado. Había convertido su vida en una pesadilla.
Ahora ni siquiera podía moverse. No podía hablar. Lo único que podía hacer era mirarla con ojos suplicantes, llenos de culpa y desesperación.
Pero Lauren no se inmutó.
Si el asesinato fuera legal, lo habría despedazado pieza por pieza sin dudarlo.
"Sácalos de mi vista", dijo fríamente, cada palabra helada.
Gael dio un paso adelante y fue directo hacia Willow.
Willow entró en pánico en cuanto lo vio. Gritó: "¡No, no voy a esas montañas! ¡Por favor, no me lleves!"
Gael no perdió tiempo. La agarró como a un gatito perdido, ignorando por completo sus gritos mientras la arrastraba lejos.

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