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El camino de venganza de la heredera rota romance Capítulo 170

En Residencia Brooker, la lluvia seguía cayendo sin cesar. Elliot había estado suplicando clemencia bajo la lluvia durante más de dos horas. Su rostro estaba pálido como el papel. Al final, no pudo aguantar más, su cuerpo se quedó flácido y se derrumbó, salpicando agua por todas partes.

Jeffrey se quedó allí, presenciándolo todo. Suspiró impotente, se agachó y luchó por arrastrar a Elliot al auto. Luego, se sentó en el asiento del conductor, arrancó el auto y se dirigió a toda velocidad al hospital. Durante todo el camino, los limpiaparabrisas se movían de un lado a otro, tratando de despejar la lluvia incesante, pero la visibilidad seguía siendo borrosa.

Jeffrey tenía las cejas fruncidas y miraba de vez en cuando por el espejo retrovisor a Elliot, inconsciente en el asiento trasero. No podía entender por qué se estaba haciendo esto a sí mismo. El daño que le había hecho a Lauren ya se había convertido en una cicatriz irreparable.

Jeffrey reflexionó:

«¿Qué sentido tiene ahora ese arrepentimiento masoquista? Si no le importa Lauren, ¿por qué la mantiene tan cerca, negándose a dejarla llorar o escapar, y degradándose bajo la lluvia para pedirle perdón? Si le importa Lauren, ¿por qué la insulta y la lastima por el bien de Willow, avergonzándola e hiriéndola sin piedad, y destruyendo la vida esperanzadora que podría haber tenido, dejándola discapacitada?».

Las acciones de Elliot eran demasiado contradictorias y difíciles de comprender. Si tan solo le hubiera ofrecido a Lauren el cuidado y la protección que se merecía cuando regresó con los Bennett, ¿cómo podrían haber llegado a tal punto de rivalidad entre hermanos y haber roto los lazos familiares?

Ni siquiera podía soportar pensar en lo que Lauren, con sus excelentes notas, podría haber logrado después de graduarse. Debería haber brillado en un mundo más amplio, viviendo una vida exitosa. Pero, la vida no ofrecía hipótesis, y la dura realidad era que la vida de Lauren había sido destruida. Ahora, el lamentable estado de Elliot, aunque triste, estaba lejos de ser comprensivo.

A medida que la noche se hacía más profunda, la oscuridad envolvía la ciudad. Michael estaba sentado en la oficina de Corporación Bennett. Marcó el número de Elliot, pero todo lo que obtuvo fue el tono monótono de una llamada sin respuesta. En ese momento, Elliot yacía en una cama de hospital, con el cuerpo ardiendo de fiebre e inconsciente. El goteo de la vía intravenosa era constante, incapaz de despertar su conciencia latente.

Sin más remedio, Michael marcó el número del presidente, pero solo obtuvo un tono de desconexión. La empresa se enfrentaba a una crisis de bancarrota sin precedentes, pero no pudo localizar a ninguno de los dos, que daba vueltas sin cesar por su oficina.

La larga noche por fin pasó, y el sol de la mañana se abrió paso entre las nubes, iluminando el aire fresco despejado por la lluvia. Elliot se despertó. Tan pronto como abrió los ojos, su móvil sonó de golpe.

—Hola…

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