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El camino de venganza de la heredera rota romance Capítulo 167

La lluvia torrencial no pudo ocultar las abrumadoras lágrimas de Elliot.

—Es culpa mía que Laurie esté arruinada. Me postraré hasta que me perdone.

Su rostro era un retrato de dolor mientras seguía golpeando su frente contra el suelo con un sonido repetitivo y sordo. Jeffrey se quedó a un lado, observándolo, casi trastornado, inseguro de qué hacer.

Lauren lo vio todo desde la ventana, sin impresionarse y sintiendo que todo era para aparentar. Esta no era la primera disculpa de Elliot, pero cada vez que confesaba, volvía a avergonzarla por Willow. Ya se había cansado de sus actuaciones. La única persona que le importaba a Lauren era Félix. Por su culpa, tuvo que pelearse con ese lunático de Elliot.

A toda prisa, Lauren se dio la vuelta y, arrastrando sus pesadas piernas, salió corriendo de la habitación. Ignorándolo todo, bajó las escaleras a toda prisa, con la desesperación de asegurarse de que Félix no estaba herido. Justo en ese momento, Félix entró. Su camisa negra le quedaba ajustada, delineando su musculoso torso. Su cabello mojado goteaba, incluso empapado, seguía rezumando una elegancia innata, irradiaba un intenso carisma.

—Señor Félix…

Al verlo, Lauren aceleró el paso, pero su pie falló en un escalón y de repente se sintió abrumada por una sensación de ingravidez. El corazón de Félix se apretó al verlo. En ese instante, todo a su alrededor se volvió borroso, solo pudo ver a Lauren cayendo. Se movió como una flecha lanzada desde su arco, atravesando el aire para alcanzarla. Justo cuando Lauren estaba a punto de tener un encuentro cercano con el suelo, Félix llegó.

La lluvia resbalaba por las puntas de su cabello, recorriendo sus mejillas severas y reuniéndose en gotas en su barbilla, salpicando con sus movimientos. Su largo brazo se extendió con fuerza, formando una barrera inquebrantable, atrapando a Lauren alrededor de la cintura. Era como si unas manos fuertes y suaves la sujetaran, manteniéndola en el regazo de Félix. La otra mano la protegía por instinto, rodeándola entre sus brazos.

El tiempo pareció detenerse en ese momento. Afuera, la tormenta seguía potente y la lluvia caía a cántaros, pero adentro, solo el aire se llenaba de sus respiraciones. Félix, respirando con dificultad, miró a Lauren a los ojos con profunda preocupación y miedo, como para confirmar que estaba bien.

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