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El camino de venganza de la heredera rota romance Capítulo 153

Los labios de Kyle seguían temblando, pero no salía ningún sonido. Parecía destrozado, como si lo hubiera hecho añicos por dentro. Su mente se había ido, destrozada. Félix caminó despacio hacia ellos, con calma y compostura, con pasos elegantes. Miró a Casey y Kyle tendidos en el suelo y habló en un tono ligero, casi despreocupado.

—Parece que hubo una pelea entre marido y mujer. La Señora Casey intentó hacerse daño para castigar al Señor Kyle. Menos mal que mi gente intervino en ese momento…

Su voz era indiferente, como si estuviera manteniendo una conversación trivial y educada. Incluso había una leve sonrisa en su rostro, pero era fría, vacía. El tipo de sonrisa que te hace sentir un escalofrío en la espalda.

Todos en el salón de banquetes miraban a Félix en un silencio estupefacto. Sabían lo que había sucedido, pero ninguno de ellos lo había visto en realidad. Sin pruebas, nadie podía decir una palabra.

La gente siempre decía que Félix era peligroso, pero ahora que lo vieron por sí mismos, se dieron cuenta de que esas historias ni siquiera rozaban la superficie. En el fondo de cada mente, un pensamiento se apoderó de ellos alto y claro:

«Nunca te metas con este hombre».

Félix levantó la cabeza un poco. Su mirada helada recorrió el salón como una espada, tan afilada como para cortar. En un abrir y cerrar de ojos, todos bajaron la cabeza, en silencio y con miedo. Nadie se atrevía a mirarlo a los ojos, como si el simple hecho de mirarlo pudiera hacer que quedaran atrapados en algo de lo que nunca escaparían.

En ese momento, el mensaje fue alto y claro; Félix, el hombre que gobernaba a la Familia Brooker desde lo más alto, no es alguien a quien desafiar, nunca. Su rostro permaneció tranquilo, inescrutable. Hizo un pequeño gesto con la mano y habló con una autoridad tranquila que no dejaba lugar a discusión.

—Llévenlos de regreso a Buenavista.

Los guardaespaldas se movieron de inmediato. Sin contemplaciones, se llevaron a Casey y Kyle como si arrastraran un peso muerto. El cuerpo flácido de Casey se deslizó por el suelo, dejando un rastro de sangre que hizo que a todos se les revolvieran las tripas. Los ojos de Kyle estaban vacíos. No luchó, no reaccionó. Era como una cáscara de persona. Los dos desaparecieron de la vista.

El silencio cayó como una pesada cortina. Entonces, como si sus cabezas estuvieran tiradas por cuerdas, todos los invitados voltearon para mirar a Willow y Kenneth, todavía arrodillados, inmovilizados en el suelo por los guardias.

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