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El camino de venganza de la heredera rota romance Capítulo 151

Las mujeres que habían atormentado a Lauren quedaron humilladas. Sus manos quedaron destrozadas sin posibilidad de reparación, y ninguna familia poderosa aceptaría nunca a alguien, así como su dama de la casa. Sus vidas habían terminado…

Un silencio tenso y pesado se apoderó del salón de banquetes como una espesa niebla. Willow y Kenneth habían visto lo despiadado que era Félix en realidad. El miedo los atenazaba con tanta fuerza que ni siquiera se atrevían a exhalar, haciendo todo lo posible por hacerse invisibles, como si un movimiento de una pulgada les hiciera sufrir el siguiente castigo. Félix se volvió hacia Casey, con tono frío y despiadado.

—Te toca.

Las piernas de Casey cedieron y se derrumbó de rodillas a los pies de Félix. Sus rodillas se golpearon contra el suelo con un golpe sordo que resonó en el corazón de todos.

—Señor Brooker, por favor, se lo ruego. Me equivoqué… ¡Lo juro!

Su voz se había convertido en un llanto desordenado, cada palabra le salía de la garganta como si la estuviera desgarrando por adentro. Todo era miedo y desesperación. Las lágrimas corrían por su rostro sin control, atravesando el costoso maquillaje que se había aplicado con tanto cuidado, dejándolo manchado y arruinado.

Había desaparecido cualquier rastro del orgullo o la arrogancia que solía mostrar. Parecía un animal acorralado y temblando de pánico. Seguía golpeándose la cabeza contra el suelo frío una y otra vez. El sordo golpe de su frente contra el suelo llenó la habitación. No pasó mucho tiempo antes de que su piel empezara a hincharse y enrojecerse. Pequeñas venas rojas estallaron bajo la superficie, y pronto brotó sangre, acumulándose en gotas oscuras que resbalaban por sus mejillas.

Todos los que la observaban se quedaron paralizados, estupefactos y en silencio ante aquella visión. Algunos no pudieron soportarlo y se dieron la vuelta, incapaces de seguir mirando. Otros se quedaron allí, con la boca un poco abierta, conmocionados. Después de ver con qué dureza Félix acababa de castigar a Willow y a esos cuatro miembros de la alta sociedad, todos tenían ahora una idea clara; no era alguien que mostrara piedad.

Como Casey lideró el ataque a Lauren, nadie lo dudaba; lo que fuera lo siguiente que le pasara sería aún peor. Félix se quedó allí como una estatua de hielo, sin un ápice de emoción en el rostro. Su mirada era cortante y fría, fija en Casey mientras se arrodillaba frente a él. No había el menor rastro de simpatía en su expresión. Inclinó un poco la barbilla, su voz tranquila, pero firme como el acero cuando se dirigió a Josh, que estaba cerca.

—Llévala a la sala privada.

Josh asintió sin dudar e hizo un gesto para que lo siguieran unos cuantos guardaespaldas corpulentos. Con brazos como pinzas de acero, agarraron a Casey por los brazos y la arrastraron lejos de los pies de Félix sin una pizca de delicadeza.

—¡No, por favor! ¡Suéltame! —chilló Casey, agitando las manos.

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