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El camino de venganza de la heredera rota romance Capítulo 144

Las mujeres que ayudaron a Casey a atormentar a Lauren empezaban a darse cuenta de lo mal que lo habían hecho. Todas pusieron sus sonrisas más halagadoras.

—Señor Brooker, solo estábamos… Bromeando.

—Así es, todo fue un malentendido…

Félix ni siquiera las miró. Sus ojos se fijaron en el cuerpo maltrecho que yacía en el suelo. El vestido de Lauren estaba hecho jirones y su piel estaba cubierta de moretones. Su rostro estaba tan hinchado que era irreconocible. Su cabello estaba enmarañado en el suelo, manchado de sangre y lágrimas. Parecía como si hubiera pasado por un infierno. Incluso en ese estado, Félix la reconoció al instante.

Sus pupilas se encogieron, se le cortó la respiración. Se llenó de rabia hirviente en un abrir y cerrar de ojos. Su mirada podría incendiar la habitación. Se quitó la chaqueta y la colocó con suavidad sobre el cuerpo destrozado de Lauren. Sus movimientos eran urgentes, pero cuidadosos, como si temiera que ella se desmoronara si la tocaba con brusquedad. Luego, la levantó en sus brazos, acunándola contra su pecho como si fuera algo precioso.

—¡Señor Brooker!

Alguien jadeó, dando un paso atrás. No podían creer lo que estaban viendo. Félix Brooker, el hombre limpio e intocable, sostenía ahora en sus brazos a una mujer empapada en sangre y suciedad, envuelta en su propia chaqueta.

Bajo el suave resplandor de las lámparas de araña de perlas, las duras líneas de su mandíbula brillaban con frialdad y agudeza. La sangre de las heridas de Lauren ya estaba manchando sus caros pantalones.

Los jadeos resonaron por la habitación. El cuerpo de Lauren se retorcía en sus brazos. Sus pestañas ensangrentadas se abrieron. Sus ojos borrosos encontraron su rostro. Ella le dedicó una sonrisa débil y rota.

—Señor Brooker… ¿Ha venido a salvarme?

Esa sonrisa, esas palabras, le atravesaron el pecho. Los brazos de Félix se tensaron. Tragó saliva, luego la acercó más, abrazándola con todas sus fuerzas.

—Sí.

Habló con suavidad, como si tuviera miedo de asustarla. A través del tejido empapado de su vestido, podía sentir lo afilados que eran sus huesos. Era tan pequeña, tan fría. Sus ojos recorrieron la multitud como una espada, deteniéndose en el rostro de Casey. La mente de Casey se quedó en blanco, sus piernas cedieron, casi se derrumbó.

—Tú… Ella…

Sus labios temblaban. No salían palabras. Félix dijo:

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