¡Pum!
La puerta se cerró de golpe con un estruendo cuando Kenneth inmovilizó a Lauren contra la puerta, con el aliento caliente en su rostro.
—¿Has perdido la maldita cabeza? —gruñó.
Con su aroma flotando en el espacio confinado. El pecho de Lauren se agitó, todo su cuerpo temblaba de rabia apenas contenida.
—¡Vete! ¡Déjame! ¡Suéltame!
Cada palabra rezumaba veneno. El agarre de Kenneth solo se apretó, sus dedos dejaron marcas rojas de rabia en sus muñecas.
—¿Qué demonios estabas pensando?
Una risa fría y sin alegría escapó de los labios de Lauren mientras estabilizaba su respiración. Su mirada se volvió gélida.
—Yo debería preguntarte eso, Kenneth. Cinco años en prisión, mi educación arruinada, mi salud destruida, mi futuro robado. Tú y los Bennett me convirtieron en esta cáscara vacía. ¿Y ahora te atreves a interrogarme?
Levantó el mentón, desafiante. Algo parpadeó en los ojos de Kenneth, una sombra fugaz que podría haber sido arrepentimiento, pero desapareció tan rápido como había aparecido. Al ver las emociones bajo sus ojos, Lauren se rio.
—¡Ja! Romperme las alas, para que no pueda remontarme en el cielo más amplio, y solo pueda luchar en el fango. Siempre me he preguntado por qué es esto, ¿qué diablos he hecho para merecer la ira de los cielos y que la gente me persiga hasta este punto por uno o dos de ustedes?
La sonrisa de Lauren se volvió afilada, y su voz se convirtió en un susurro.
—Ahí está la verdad que no puedes admitir, no puedes soportar que te eclipsara, ¿verdad? Mi crimen era ser mejor.
El rostro de Kenneth palideció.
—Cállate.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El camino de venganza de la heredera rota
Me da error al desbloquear los capítulos...