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El camino de venganza de la heredera rota romance Capítulo 116

Kenneth sacó su móvil y llamó a su asistente.

—Investiga a la prometida de Félix. Quiero todos los detalles que puedas encontrar.

Después de colgar, se sentó en la cama del hospital y volvió a pensar en Lauren.

«Ya pasaron casi cinco días y aún no hay noticias de ella. No tenía dinero, ni apoyo, y arrastraba ese cuerpo lisiado. ¿A dónde podría ir?».

Se presionó la sien con la mano y sintió que se formaba un dolor sordo. Después de dudarlo un poco, llamó a Elliot. Marcó el número, pero nadie respondió. Frunció más el ceño, y la inquietud se apoderó de él. Volvió a marcar, impacientándose más con cada intento, pero siempre pasaba lo mismo.

—Maldito Elliot. ¡Ni siquiera puede tomar el móvil!

La frustración se desbordó cuando Kenneth arrojó su móvil sobre la mesita de noche.

En la Residencia Bennett, Elliot se estaba ahogando en alcohol, el fuerte ardor le estaba atravesando el estómago como un cuchillo afilado. Sus entrañas se retorcían y giraban, con oleadas de náuseas que le arañaban la garganta. Todo su cuerpo temblaba por el esfuerzo mientras vomitaba hasta que no quedó nada, doblándose sobre el inodoro.

Perlas de sudor seguían rodando por su frente, un sonido seco de arcadas salía de su garganta. Incluso después de vaciar su estómago, el dolor no disminuyó. Salió del baño tambaleándose y apenas logró arrastrarse hasta el sofá. Se desplomó sobre los cojines, con las manos apretadas sobre el estómago, y su voz apenas era un susurro.

—Laurie… Me duele el estómago… Medicinas…

Al escuchar el ruido, David y Alice entraron en la habitación, solo para encontrarse con un completo desastre. Sus ojos recorrieron el suelo lleno de botellas vacías. El fuerte hedor a alcohol flotaba en el aire. En el sofá, Elliot yacía acurrucado, con el rostro pálido como una sábana y los labios sin color, aparentando una total vulnerabilidad. El corazón de Alice se apretó cuando se apresuró a acercarse y presionó con suavidad una mano contra su frente.

—Elliot, ¿cuánto has bebido?

Su voz se llenó de preocupación. David, por otro lado, se mostró menos comprensivo. Su expresión se ensombreció cuando escuchó a Elliot murmurar el nombre de Lauren.

«Esa chica otra vez. Comparada con Willow, no es nada. Si no hubiera sido por el hecho de que la necesitaba, nunca la habría sacado del orfanato hace ocho años. Alguien como ella pertenecía a los barrios bajos, fregando suelos para ganarse la vida. Dejarla crecer en un orfanato ya era más misericordia de la que se merecía».

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