Habitación del hospital de Elaine. Jeffrey llamó a la puerta con suavidad antes de abrirla y entrar. Elaine yacía tranquila en la cama del hospital, con los ojos fijos en el techo. Jeffrey se acercó a su cama, expresando primero su preocupación por su estado, pero sus palabras fueron recibidas con silencio.
—Sé lo que pasó ayer en tu habitación.
Elaine parecía indiferente, como si no lo hubiera escuchado. Permaneció inmóvil, con la misma expresión. El tono de Jeffrey se hizo más firme:
—Elaine. ¿no quieres que la persona que te hizo daño se enfrente a la justicia?
¡Claro que sí! ¿Cómo no iba a quererlo? Pero, ayer vio la situación con claridad, David, Alice, Elliot, el propio Jeffrey e incluso su propio hermano, Kenneth, todos ellos habían estado protegiendo a Willow.
Tuvo la oportunidad de señalar a Willow como la culpable, pero una y otra vez la detuvieron. Para ellos, Willow era tan importante como para ignorar su dolor, como para ignorar los cinco años de sufrimiento injusto que Lauren había soportado. Dados los estrechos vínculos de Jeffrey con los Bennett, Elaine pensó que no era diferente del resto.
Ignoró sus preguntas y siguió recostada en silencio. Jeffrey intentó razonar con ella durante mucho tiempo, pero Elaine permaneció indiferente, como una marioneta sin vida, sin ninguna emoción. Su actitud fría y distante frustraba a Jeffrey sin cesar. La miró fijo un momento antes de hablar en voz baja:
—Lauren ha desaparecido.
En el momento en que esas palabras llegaron a sus oídos, la mirada antes vacía de Elaine parpadeó de repente, como si algo la hubiera apuñalado justo en el corazón. Jeffrey notó de inmediato ese parpadeo en sus ojos, un cambio sutil, pero suficiente para saber que sus palabras habían tocado un punto sensible. Aprovechando el momento, continuó.
—La Familia Bennett, Lucas y Kenneth la están buscando. Ya sabes lo que harán si la encuentran primero.
Recordando los crueles insultos y abusos que Lauren había sufrido justo el día anterior, Elaine dejó escapar un sonido ahogado y sordo de su garganta. Las lágrimas corrían por su rostro. Luchó por hablar, pero lo único que salió fueron gritos entrecortados y confusos. La frustración la dejó sollozando impotente, con lágrimas empepando su rostro. Jeffrey tomó un pañuelo y la secó con suavidad.
—No llores. Todo va a salir bien. Céntrate en mejorar. Cuando estés más fuerte, podrás ayudar a desenmascarar a la persona que te hizo daño.

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