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El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 704

En su otra vida, había pasado por demasiados conflictos. La habían expuesto en internet una y otra vez; tanto su familia como ella se vieron forzadas repetidamente a defenderse o a «luchar» en redes. Era bastante aburrido.

Por eso, esta vez Estefanía pensó que por fin podría aprovechar la situación y no tener que ensuciarse las manos. Con semejante escándalo, la escuela y las autoridades tendrían que dar una respuesta a la opinión pública. Pero quién iba a decir que Benicio tomaría cartas en el asunto.

Lo entendía: a los diecisiete uno se cree invencible, se lanza de frente y no mide consecuencias. Tal como el Benicio de diecisiete años diría: «Ella me dio cinco pesos».

Solo se preguntaba, ¿cómo sería el Benicio de veintisiete años en este espacio-tiempo?

Benicio se sentó. En sus ojos había la agudeza y la claridad de un adolescente. Estefanía trató de encontrar en su rostro algo de esa frialdad imponente que tenía el Benicio exitoso que ella conocía, pero no halló nada.

Ni siquiera podía conectar al chico que tenía enfrente, diciendo que «nada puede estar por encima de Estefanía», con el Benicio con el que estaba familiarizada.

—¿Te quedaste pasmada? —Benicio de repente puso una pieza de pollo en su plato.

La mirada de Estefanía parpadeó y volvió a la realidad.

Benicio soltó un bufido.

—¿No deberías ser tú quien me ponga pollo a mí?

Tenía ese pequeño orgullo de chico joven que dice: «Hice algo bueno, ¿cómo me vas a premiar?».

Estefanía se rio.

—No compré pollo al mediodía. En la noche yo invito.

—Olvídalo, no hace falta que invites. Ven a vernos jugar en la tarde. Tenemos un partido amistoso contra el Liceo Libertador Simón Bolívar, su equipo viene a nuestra escuela —dijo Benicio, todavía refunfuñando.

Gregorio y Ernesto en su versión de preparatoria.

Gregorio seguía siendo el capitán del equipo del Liceo Libertador Simón Bolívar, y antes del partido estrechó la mano con Benicio, que también era capitán.

Fue un partido muy reñido y emocionante, a juzgar por los vítores de la multitud, pero Estefanía no tenía la cabeza en el juego. Su atención estaba fija en la interacción entre Benicio, Gregorio y Ernesto.

Al parecer, Benicio ya conocía a esos dos desde hacía tiempo. Pero Estefanía realmente no recordaba que en la otra línea temporal Benicio hubiera jugado con ellos en la preparatoria.

¿Quizás fue porque después de tercer año ella y Benicio se distanciaron y dejó de ir a sus partidos?

Durante el juego, Estefanía no podía hacer nada, solo observaba atentamente.

Cuando sonó el silbato final del segundo tiempo, el equipo de Benicio ganó por una mínima diferencia al del Liceo Libertador. Benicio estaba feliz. Tras terminar el encuentro amistosamente, quería invitar a los jugadores del equipo rival a comer en un restaurante fuera de la escuela.

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