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El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 702

En ese momento, la clase de humanidades acababa de terminar. Estefanía y Agustín aún no habían ido a la cafetería. La primera persona en la que pensó Estefanía fue Agustín, porque solo él tenía acceso a esa grabación de seguridad eliminada.

Pero Agustín lo negó.

—Debería ser tu... «buen amigo» —dijo Agustín con una sonrisa de complicidad.

—¿Benicio? —soltó Estefanía sin pensar.

Agustín soltó una carcajada al oírla.

Estefanía no entendía por qué se reía, pero, ¿cómo iba a tener Benicio esa grabación? —¿Le enviaste el video recuperado a él también?

Agustín negó con la cabeza.

—Supongo que lo consiguió él mismo.

—¿Eh? —Estefanía estaba sorprendida.

Esa extraña sonrisa volvió a aparecer en el rostro de Agustín.

—Parece que no conoces a tu amigo tan bien como yo.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Estefanía, y luego añadió—: Bueno, seguro tú lo conoces mejor, se llevan como compas.

—Benicio es un crack en informática, mejor que muchos universitarios de la carrera —le explicó Agustín.

—¿En serio?

Estefanía no dudaba de la capacidad de Benicio. Originalmente era el número uno de su generación, y luego, en la universidad, fundó una empresa tecnológica y se metió de lleno en la inteligencia artificial. No sería raro que ya tuviera esas bases en la preparatoria. Pero lo pensó un momento y contraatacó:

—¿Y tú? ¿Por qué tú también eres tan bueno?

Agustín se quedó pasmado un segundo, pero enseguida sonrió.

Detrás de la puerta, se escuchó el llanto de Cristina: —¿Por qué tuviste que hacer esto? Ahora no puedo ni salir del salón. ¿En qué se diferencia esto de lo que me hicieron a mí? ¡Esto es ciberacoso! ¿Cómo voy a darle la cara a la gente?

Lo que sonó después fue, para su sorpresa, la voz de Benicio.

—Ah, ¿así que tú también sabes lo que es no poder salir del salón? ¿Sabes que es acoso? Entonces, ¿por qué no pensaste en eso cuando se lo hacías a Estefanía? ¿Cómo le iba a dar la cara ella a la gente?

Esas palabras hicieron que Cristina perdiera los estribos.

—¡Estefanía! ¡Otra vez Estefanía! ¿Cómo es que Estefanía se me adelantó de la nada? ¡Ni siquiera has hablado tanto con ella! ¡Yo te hice un favor! ¿Me estás haciendo esto por Estefanía?

—Son dos cosas distintas —la voz de Benicio sonaba tan fría y calmada como un lago sin viento—. Te devolveré el favor que me hiciste en la medida de mis posibilidades, pero nadie puede usar mis deudas de gratitud para pisotear a Estefanía.

Estefanía, parada afuera, estaba tan asombrada que no podía cerrar la boca.

¿Ese era Benicio hablando?

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