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El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 700

Sin embargo, había una prueba que no había entregado: el video que le dio Agustín.

Agustín había hackeado el sistema de seguridad de la escuela y recuperado esa sección borrada de las cámaras de vigilancia.

En ese video había imágenes cruciales, pero hackear el sistema no era algo precisamente legal o loable. Tenía miedo de que, si entregaba el video, eso afectaría a Agustín. Tomando prestadas las palabras del subdirector: «son chicos que van a presentar sus exámenes de ingreso».

No quería causarle ningún daño a Agustín en un momento tan crítico como el último año de preparatoria.

Justo mientras pensaba en esto, vio a Agustín caminando hacia ella.

—¿Qué tal? ¿Para qué te querían? —La pregunta de Agustín fue casi idéntica a la de Benicio.

Estefanía le contó la situación a grandes rasgos.

—Creo que ya no habrá problemas, la Secretaría de Educación va a investigar a fondo.

—¿Este era el momento que estabas esperando? —le preguntó él.

Ella asintió.

—Así es.

Agustín sonrió y la elogió:

—Muy bien. Solo cuando la voz de la opinión pública es lo suficientemente fuerte, el resultado final es lo suficientemente severo.

Estefanía se sorprendió; no esperaba que Agustín pensara igual que ella.

—¿No entregaste la vigilancia del tablón de anuncios? —A Agustín solo le extrañó eso.

Estefanía negó con la cabeza, y luego asintió.

—No, no la entregué.

—¿Por qué? —Agustín definitivamente no pensaría que ella quería proteger a las personas en el video.

—Porque... —Estefanía sonrió—, también quiero protegerte a ti.

Agustín se quedó atónito por un momento. Luego, una calidez se extendió lentamente por sus ojos y una sonrisa fue apareciendo poco a poco en su rostro.

—No importa, a mí no me harían...

Estefanía negó con la cabeza.

No solo eran mejores amigos antes, sino también muchos años después.

Todavía tenía frescos en la memoria los recuerdos de cómo Benicio había reemplazado a Agustín para cuidar de Teodoro Caicedo y Sofía, y cómo había seguido los pasos de Agustín recorriendo los caminos que él había andado.

Especialmente en aquella isla de Escocia, ver a Benicio con su suéter holgado y chamarra de piel, conduciendo un todoterreno, viviendo como si fuera otro Agustín... ¿Cómo era posible que en este mundo de ensueño se estuvieran distanciando cada vez más?

Quizás era por su llegada.

Pero ella no sabía cuánto tiempo estaría aquí, ni si algún día se iría. No tenía respuestas.

Esperaba que siguieran siendo buenos amigos siempre. Que no surgieran rencores ni se alejaran por su culpa.

—Benicio es... —Estaba pensando en cómo evaluarlo, si desde la perspectiva de sus 27 años o desde sus 17.

—Benicio... no es una buena persona —dijo Agustín de repente—. Deberías alejarte de él.

Estefanía se sorprendió mucho. Esas no eran palabras que Agustín debiera decir.

—Agustín. —Le desagradaba mucho escuchar eso de su boca. Sí, Benicio no era una buena persona, pero solo la Estefanía de 27 años podía decirlo, porque, en todo el mundo, Benicio solo había sido malo con Estefanía.

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