—Creo que ya tenemos que irnos —dice ella algo apresuradamente.
—No, no nos iremos hasta que le des una respuesta al doctor —farfulla Michele cabreado.
—Este no es el mejor momento ni lugar para discutir algo como esto.
—¡Por supuesto que sí! —insiste mirándola fijamente con sus ojos verdes —. El doctor está esperando una respuesta.
Daviana traga saliva, Michele no lo sabía, pero la estaba poniendo entre la espada y la pared. Prácticamente la estaba exponiendo por completo y eso implicaba que él se enterara de lo que ella sentía por él.
Por otro lado, no podía darle falsas esperanzas a Gael, ella no sentía nada por él. Era injusto de su parte que le diera alas a una relación que sentía que no tenía conexión. La joven se da la vuelta para enfrentar a Gael.
—Gael, lo siento mucho, pero no puedo corresponderte. Lo lamento —ella mira al doctor quien mantuvo los ojos firmes en ella, luego mira a Michele y levanta un poco la vista pareciendo imponente.
—Entiendo… —en ese momento mira a Daviana—. Espero que de verdad lo estés haciendo porque es lo que sientes, y no porque alguien más te obliga a decirlo —Michele frunce el ceño.
—Michele, ya he terminado aquí. Podemos irnos, por favor.
Ella toma la mano de Michele para jalarlo hacia la puerta, pero no logra moverlo ni un poco. Este se queda dónde estaba observando a Gael.
—Ya la has oído, espero que no se te ocurra volver a intentar besarla —Daviana ensancha la mirada al escuchar como su jefe le reclama al Gael —. No te quiero cerca de Daviana, y me importa una mierda que seas el doctor de su hermano, mantente distante.
—Eso no será tan fácil, soy el médico de su hermano siempre tendrá que verme. Yo llevo su caso desde hace mucho tiempo, no es recomendable que otro doctor lo tome.
—Siempre se puede hacer mejores cambios.
—Ella lo decidirá —Gael da un paso hacia Michele, y este hace lo propio.
—¡No! Michele, por favor —Daviana se interpone en medio de ambos hombres —. Podemos irnos ya, por favor…
El CEO la oye y siente que su voz lo tranquiliza un poco, ya que la realidad es que deseaba partirle la cara a ese hijo de puta del doctor. Michele toma la mano de Daviana la aprieta con un poco de fuerza y decide salir de la habitación con ella.
Por el corredor no argumento ninguna palabra, sin embargo la ira lo estaba consumiendo por dentro. Y más que furia lo que sentía que tenía eran celos; estaba tan celoso de ese sujeto, de que se le insinuara a Daviana, que intentara besarla.
No soportaba la idea de ver que otro hombre besara esos labios que le pertenecían a él. El pelinegro se encamina hasta su coche abre la puerta y hace que ella ingresara en el mismo. Cuando Michele sube al auto lo pone en marcha sin decir una palabra.
No lograba decir nada puesto que también presencio el silencio por parte de ella, es que ni siquiera percibió rechazo por parte de Daviana hacia ese maldito doctor. Si no hubiera intercedido quizás le hubiese permitido besarla.
Aprieta el volante del coche cuando lo pone en marcha.
Daviana no pronuncio ningún tema de conversación, la verdad es que no tenía idea que decir. Michele parecía muy molesto por lo sucedido en la clínica. No obstante, ella creía que no existía razón alguna para su comportamiento, entre ellos no existía nada más que un convenio para tener sexo.
Lo mira de soslayo fijándose que mantenía la mirada fija al frente, y con aquel ceño fruncido y expresión de muerte era muy obvio que había llegado a un nivel de histeria. Estaba segura que si le cortaban las venas y no sangraba.
Ella vuelve a sentarse erguida continuando en silencio, quizás era lo mejor.
Al llegar a casa, Daviana hace amago de subir las escaleras, pero Michele la sujeta del brazo deteniendo sus intenciones de escape.
—¿Le ibas a permitir a ese sujeto besarte? —la pregunta la sobresalta. Ella gira el cuerpo para ver a Michele.
—Por supuesto que no.
—No es lo que me pareció ver, si no hubiera interrumpido lo hubieras dejado.
—Ya te dije que no se lo iba a consentir —se suelta bruscamente — ¿Qué es lo que pasa? Yo sé muy bien cómo debo portarme, sé que he hecho un trato contigo, no me voy a involucrar con nadie mientras nuestro acuerdo siga en pie.
Michele aprieta la mandíbula.
—No era necesario que armaras todo ese escándalo con el doctor de mi hermano.
—He escuchado lo que te ha dicho, sé que desea tener algo contigo —Daviana se tensa puesto que no sabía que él los estaba oyendo.
—Y lo he rechazado, no he roto mi parte del acuerdo, así que puedes estar tranquilo.
—¿Te gusta ese doctor? —pregunta seriamente.
El corazón de Daviana explota, la forma en la que la estaba mirando le dio cierto miedo. Pero era como un temor a lo que él pudiera hacer, y se refería a la parte de que Michele se lo pensara y decidiera dejarla libre para que hiciera su vida con otra persona por no querer involucrarse de manera seria con ella.
Pero lo que desconocía era que ella estaba enamorada era de él y de nadie más.
—No me gusta Gael, solo es el doctor de mi hermano y eso es todo. Nunca le di pie para que sintiera nada por mí.
—¿Segura de eso? —Michele la sujeta por el codo al preguntarle.
—Si lo estoy diciendo es por algo, no veo razón para que tomes esta actitud hacia mí.
—¿Y esa deuda? ¿Por qué demonios no me has contado nada de eso?, te he preguntado si no tenías ningún otro tipo de problemas y me has salido con un no. Ahora resulta que le debes a ese sujeto.
Daviana pestañea varias veces.
—Esa deuda es asunto mio, ya has estado haciendo mucho con todo lo que haces por Arthur.
Michele aprieta la mandíbula y termina por soltarla con un poco de violencia. Ella seguía sin decirle toda la verdad, no confiaba en él como para contarle que le debía a ese maldito doctor.
Gael empuja a Michele hacia atrás y hace amago para golpear su rostro, pero este lo esquiva y termina por ser él quien le propina un puñetazo justo en la nariz… Gael retrocede dos pasos mientras se sujeta la nariz.
—¡Dios mio! —grita la rubia alarmada corriendo hacia su pareja —. ¿Pero qué clase de bruto es usted? ¿Por qué golpea a mi esposo?
—Este hombre intento seducir a mi mujer, es lo mínimo que se merece por imbécil.
—¿Gael? —dice la mujer mirando a su marido.
El doctor mira con ira a Michele, pero sin quitarse los dedos de la nariz.
—¡Ya no te debe nada!, ella no necesita que cubras los gastos de nada, porque para eso estoy yo a su lado —el CEO saca un papel de su saco y se lo lanza a los pies —. Ese cheque cubrirá todo lo que Daviana pueda deberte, no quiero que estés siguiendo su caso, mantente alejado de Arthur y de ella.
Gael mira el cheque a sus pies y luego a Michele, este ajusta su traje y empieza a retroceder.
—Si te veo cerca de ella, no seré tan consenciente contigo —el doctor aprieta la mandíbula con fuerza.
—¿Dónde demonios esta tu argolla de matrimonio? —en ese momento él escucha que su esposa le reclama por el anillo que siempre se quita antes de entrar en la clínica —. ¿Te quitas el anillo de nuestra boda para venir a coger con las enfermeras? ¿Le haces creer a todo el mundo que no estas casado?
La rubia se aleja de él mirándolo con furia y decepción. Gael sabía que estaba metido en serios problemas con su esposa, y no era para menos, la verdad es que si se quitaba el anillo antes de trabajar.
Pero ahora el maldito de ese sujeto lo dejo expuesto y sin una cuartada para poder defenderse.
—Puedo explicarlo todo…
[…]
Era satisfactorio saber que al menos ese doctor ya no iba a molestar más a Daviana. Que no le tendría que ver la maldita cara cada vez que ella fuese a ver a su hermano. Tendría que hacer un par de llamadas para que le asignaran un mejor doctor al pequeño.
Pero eso era lo de menos, con quitarse de encima a ese tipo él se sentía mejor. Era sorprendente que ese hijo de puta intentara ligar con Daviana estando casado, era un maldito.
Niega mientras pone en marcha el coche.
Aun se sentía alterado, pero era un problema menos en la vida de Daviana y su hermano. Ahora únicamente le quedaba por descubrir que otra cosa ella le estaba ocultando, sospechaba que si le escondía algo más, pero ¿Qué?
—Supongo que tendré utilizar de mis métodos para que ella me cuente que es lo que está pasando por esa cabeza suya.
Sonríe un poco, puesto que utilizar sus métodos era bastante ortodoxos, pero fiables para conseguir lo que quería de ella. Pone en marcha el coche para dirigirse a casa.
En ese mismo instante los vellos del cuerpo de Daviana se erizan, todo su cuerpo experimento un corrientazo que la altero un poco. La joven frunce el ceño dado a aquel escalofrió.
—¿Y esto que es?

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