Doña, con los ojos previamente cerrados, al escuchar la pregunta de Hugo, los abrió de nuevo, recordando la aparición de Iván en su casa esa tarde, y un brillo peculiar cruzó su mirada.
Tras pensar por un momento, respondió con indiferencia: "Lo compré por internet, es una marca cualquiera, ni recuerdo cómo se llama."
Al oír esto, Hugo casi confunde el acelerador con el freno, provocando que el coche temblara por un instante.
¿Qué estaba escuchando?
¿Que se podía comprar por internet una cámara de vigilancia que el Grupo DO no vendía al público?
¿La compañía de tecnología punta más avanzada del mundo era una "marca cualquiera"?
¿La señorita Hernández tenía algún malentendido con las marcas?
La expresión de Hugo era de lo más complicada, sintiendo de repente el impulso de buscar toda la información sobre el Grupo DO para enseñársela.
Después de un rato, Hugo finalmente dijo con un tono sombrío: "También quiero instalar una cámara de 'marca cualquiera' como la de tu casa."
Doña le echó un vistazo y contestó: "Pues sigue soñando."
Hugo: "……"
A un lado, Federico contuvo una sonrisa, como si ya estuviera acostumbrado a las evasivas de Doña y supiera que no sacaría nada preguntando, así que tosió levemente y le dijo a Hugo: "Conduce."
Hugo cerró la boca.
Federico, apoyando el codo casualmente en el marco de la puerta y sosteniendo su frente con los dedos, miraba de reojo a Doña, su mirada ocasionalmente caía sobre su rostro, lleno de significado.
Parece que la pequeña tiene muchos secretos.
Doña ignoró automáticamente el escrutinio del hombre a su lado, inclinó la cabeza y se reclinó en el asiento, cerrando los ojos para descansar.

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