Marisol en ese momento tenía un terrible dolor de cabeza y no entendía cómo, al salir del baño, había acabado en una situación tan desagradable.
No podía permitir que sus amigas de la alta sociedad se sintieran humilladas.
Respiró hondo, agarró su bolso, y se dirigió al gerente del restaurante con una voz firme: "¿Así es como tratan a sus clientes? ¿Cree que habría traído a mis amigas aquí si no fuera porque conseguimos una reserva?"
Hizo una pausa y continuó: "Nunca había visto que un restaurante cancelara la membresía de un cliente sin motivo alguno, y encima expulsara a los comensales. ¿Cree que no llamaré ahora mismo para poner una queja?"
El gerente del restaurante se limitó a ofrecerle una sonrisa protocolaria, su tono era de una arrogancia extrema.
Marisol palideció, incapaz de mantener su compostura, presionó su sien con la mano y justo cuando iba a replicar con fuerza, "¿Acaso no sabe quiénes somos nosotros…?"
De pronto, al ver de reojo a Donia sentada junto a la ventana, se quedó sin palabras.
¿No se suponía que su hija adoptiva estaba aquí trabajando como mesera?
¿Cómo es que estaba sentada allí?
Una avalancha de preguntas invadió la mente de Marisol. Luego, su mirada se desvió hacia el joven sentado frente a Donia. Aunque solo conseguía verle de perfil, lo reconoció de inmediato.
Era el segundo hijo de la familia Hernández, aquel abogado. Recordaba su lengua venenosa cuando Alexita regresó a la familia Lemus.
Marisol soltó una carcajada sarcástica y, señalando hacia donde estaba Donia, dijo: "Vaya, parece que a este restaurante le gusta atender a personas que no tienen dinero pero les encanta aparentar, mientras que a los verdaderos clientes nos quieren fuera. ¿Qué les parece divertido?"
El gerente siguió la dirección en que Marisol señalaba y, tras un breve vistazo, volvió a mirarla con un brillo diferente en sus ojos.
Marisol sintió que la mirada del gerente era de burla.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Donia: Falsa Heredera, Múltiples Vidas