Seguramente él ya sabía cómo era Isabel en realidad, pero había tomado una decisión equivocada y para no quedar mal, aunque supiera su error, tenía que mantener su postura.
Pero ahora que Isabel lo admitía en su cara, ni siquiera se molestaba en disimular, prácticamente lo había dejado en ridículo... ¿cómo no iba a estar incómodo y avergonzado?
Isabel estaba al borde de la muerte y sabiendo que le quedaba poco tiempo, demostró que no tenía ni una pizca de vergüenza.
Extendió la mano y dijo con arrogancia:—Dame la pulsera, ya firmaste los papeles de las acciones, ¿o piensas echarte para atrás?
Yo sostuve la pulsera mientras la miraba fríamente, sin responder.
Isabel volteó hacia Antonio y le rogó con voz débil:—Antonio... ven a buscar la pulsera por mí, ayúdame a ponérmela.
Con dificultad levantó la mano que no tenía el suero y la extendió hacia Antonio, esperando en silencio.
Antonio me miró y yo le devolví la mirada, curiosa por ver si seguiría defendiéndola.
Como era de esperarse, volvió a decepcionarme.
Rodeó la cama y se acercó con expresión seria:—María, dame la pulsera.
—¿Y si la rompe qué? —pregunté con frialdad.
—No lo hará, le gusta tanto que la va a cuidar mucho.
Fingí dudar y después de un par de minutos de silencio, me quité la pulsera con aparente reluctancia.
Se la di a Antonio.
Isabel sonrió triunfante, satisfecha.
—Antonio, rápido, pónmela —lo apuró.
Parece que una vez en la cárcel fue suficiente lección.
Isabel me miró fijamente y soltó algo que cambió todo lo que yo creía:—Para ser exactos, ¡tu madre empezó! Mi papá y mi mamá se amaban y planeaban estar juntos, pero tu madre se fijó en mi papá y se empeñó en quedárselo, ¡se lo robó! Mi mamá ya estaba embarazada y tuvo que abortar. Por suerte Dios fue justo y cuando mi mamá volvió a quedar embarazada, tuvo gemelos, como si ese bebé hubiera regresado...
¿Qué?
Después de escuchar esto, mi cabeza era un lío.
¿Fue mi madre quien se interpuso y separó a Mariano de Carmen?
—Imposible, mi madre no era así. Seguro Mariano vio que la familia de mi madre tenía dinero y abandonó a tu madre por ambición —rechacé las palabras de Isabel con firmeza.
—¡Si no me crees pregúntale a tu abuela! Fue tu madre quien se robó al marido de otra, por su culpa mis hermanos y yo sufrimos más de diez años. Por eso cuando volví con los Navarro, competía contigo en todo, ¡estaba furiosa! ¡Cof cof!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De novia abandonada a amada del magnate
Me gusto mucho muy bonita historia...
no se puede leer este capitulo...