—¡Antonio! ¿Quieres que tu madre se arrodille ante ti? ¡Divórciate! ¡Divórciate ya! ¡O dejaré de reconocerte como hijo! —ordenó Marta entre lágrimas, agarrando con fuerza el brazo de Antonio.
Las señoras ricas seguían cotilleando, algunas fingiendo consolar a Marta, aunque en realidad solo buscaban satisfacer su curiosidad.
Antonio, con expresión extremadamente conflictiva, parecía seguir dudando.
Volví a agitar mi teléfono recordándole: —Si insistes en no divorciarte, llamaré al 911 ahora mismo.
Ya había marcado el "9".
De repente, Marta se desplomó, cayendo de rodillas ante Antonio, asustándonos a todos, incluidas las señoras que exclamaron sorprendidas.
—¡Señor Martínez, los cielos te castigarán! ¡Una madre arrodillándose ante su hijo!
—Señora Martínez, ¿qué hizo María para que la odie tanto y obligue a su hijo a divorciarse?
—Ay, si yo tuviera una nuera como María, dormiría feliz. Su familia no sabe apreciar la suerte.
—Yo creo que deberían...
—¡CÁLLENSE! —rugió Antonio furioso por el alboroto y los comentarios que solo echaban sal en las heridas de los Martínez.
El silencio fue inmediato.
Las señoras cerraron la boca, pero seguían comunicándose con miradas.
Nunca imaginé que mi "equipo de apoyo", aunque no pudiera entrar al juicio, causaría tanto daño a los Martínez.
Las tarjetas VIP vitalicias habían valido la pena.
Antonio, casi enloquecido por la presión, se agachó para levantar a Marta: —Mamá, me divorciaré de María, no te pongas así. Claudia estará bien.
Marta levantó sus ojos hinchados y asintió con voz ronca: —Mejor así... Con tu posición, ¿crees que te faltarán pretendientes? Te garantizo que mañana mismo las casamenteras inundarán la mansión Martínez.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De novia abandonada a amada del magnate
Me gusto mucho muy bonita historia...
no se puede leer este capitulo...