Entrar Via

De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1156

Tobías la miró con resignación y suspiró.

—Está bien.

Afuera, al escuchar que Belén ya estaba despierta, Dolores preguntó con cierta cautela.

—¿Puedo pasar?

Belén comprobó que Tobías ya estuviera completamente vestido antes de responder.

—Pasa, Dolores.

Al oír eso, Tobías se levantó de un salto y se quedó de pie junto a la cama, intentando aparentar que no había dormido ahí en toda la noche.

Cuando Dolores abrió la puerta, se encontró a un Tobías tieso como una tabla parado a un lado, y a Belén todavía sentada en la cama.

Al ver entrar a Dolores, Tobías se giró de inmediato para saludar.

—Buenos días, Dolores.

Dolores le devolvió una sonrisa radiante.

—¿Ya de pie?

Tobías asintió.

—Sí, ya me levanté.

Dolores continuó.

—Por cierto, el desayuno ya está listo abajo. Cuando termines de comer, no te olvides de subirle algo a Belén.

Tobías asintió, pero no pudo evitar lanzar una mirada melancólica hacia Belén.

Aunque estuvieran bajo el mismo techo, la simple idea de separarse, él abajo y ella arriba, no le hacía ninguna gracia.

Belén, notando su reticencia, le dedicó una sonrisa.

—Anda, ¿no tienes hambre?

Tobías hizo un puchero y contestó con desgano.

—Sí, tengo. Ya bajo.

Belén asintió.

—Bien.

A regañadientes, Tobías caminó hacia la puerta, volteando a verla unas tres veces antes de salir por fin de la habitación.

Cuando Dolores comprobó que él se había ido, dejó el maletín de maquillaje sobre la cama.

Miró a su cuñada con una sonrisa pícara y comentó.

—Sí que está pegado a ti como chicle.

Las orejas de Belén se pusieron rojas de la vergüenza.

Aunque no lo dijera abiertamente, Belén sabía que la intención de su cuñada era que ella opacara por completo a Frida Arrieta en la boda.

A mitad de la sesión de maquillaje, Tobías entró a la habitación trayendo el desayuno.

Se había tomado la molestia de pelar un par de huevos duros y se los dio de comer a Belén en la boca.

Cuando ella terminó, Tobías quiso quedarse a hacerle compañía, pero como no tenía nada útil que hacer allí, no le quedó más remedio que bajar de nuevo, cabizbajo.

Viendo su cara de perro apaleado, a Dolores se le escapó una carcajada.

—Vaya, de verdad que no te quita el ojo de encima.

Belén acompañó la risa de su cuñada.

—Es un hombre maravilloso.

Las manos de Dolores se movían con destreza y suavidad mientras hablaba en voz baja.

—Sí, es un buen partido. Hacen una pareja hermosa. Hazle caso a tu cuñada: ese hombre vale oro.

Belén asintió, con una pequeña sonrisa asomando en sus labios.

—Lo sé, Dolores. Haré que lo nuestro funcione.

Pero justo al decir esas palabras, algo cruzó por su mente. Su expresión cambió y añadió con un hilo de voz.

—Pero Dolores, yo...

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida