Belén no le dio muchas vueltas al asunto y contestó instintivamente.
—Sí, o podría dormir en el cuarto de visitas también.
Pero, un segundo después, Leandro soltó con total naturalidad.
—Duerman juntos.
Esta vez, Belén quedó totalmente descolocada.
—¿Eh?
Leandro simplemente preguntó.
—¿Qué pasa? ¿No te da miedo que se enferme de frío?
Belén murmuró por inercia.
—Leandro, él...
No sabía si debía negarse o aceptar. Pero justo en ese momento, la puerta del baño se abrió. Tobías salió, secándose el pelo, y le dijo a Leandro con toda confianza.
—Gracias, Leandro. Esta noche dormiré bien pegadito a Belén.
Leandro asintió, se dirigió a Tobías y le indicó.
—Aquí te dejo mi pijama, espero que te sirva. Descansen, Dolores y yo también vamos a dormir.
Tobías asintió respetuosamente.
—Buenas noches, Leandro.
Sin añadir nada más, Leandro se marchó.
Pasó un buen rato antes de que Tobías se acercara a Belén. La abrazó con suavidad y le susurró.
—Ahora que Leandro nos ha dado su bendición, ¿todavía planeas rechazararme?
Belén sabía perfectamente que, con la aprobación de su hermano, Tobías no tendría el más mínimo freno.
Levantó el rostro y, mirándolo a los ojos, le advirtió con firmeza.
—Podemos dormir en la misma cama, pero de aquello, ni hablar.
Su expresión era seria, decidida e incluso un poco feroz.
Tobías la miró, con los ojos repletos de un amor desbordante. Al instante siguiente, se inclinó, la levantó en brazos y le respondió entre risas.
—Descuida, cariño, te prometo que eso me será imposible.
Dicho esto, caminó a paso firme hacia la cama, sin soltarla.
Tras depositar a Belén entre las sábanas, Tobías se acostó a su lado.
—¿Por favor?
Su tono era como un veneno embriagador que poco a poco iba doblegando su voluntad.
Había decidido con total convicción que bajo el techo de los Soler no pasaría nada.
Sin embargo, al final no pudo resistirse a sus propios sentimientos y, contra todo pronóstico, cedió asintiendo.
—Solo una vez.
Ella sabía muy bien que si no le daba permiso, Tobías jamás la obligaría.
Pero la verdad era que, muy en el fondo, no quería rechazarlo.
Habían acordado 'solo una vez' y 'con cuidado', pero apenas comenzaron, esas promesas se esfumaron en el aire.
Esa 'única vez' terminó durando casi lo mismo que dos sesiones habituales.
Cuando finalmente terminaron, la madrugada ya estaba bastante avanzada.
Belén, exhausta, se acurrucó en los brazos de Tobías y cayó profundamente dormida en cuestión de minutos.
Tobías la abrazó contra sí, plenamente satisfecho, le depositó un beso tierno en la frente y susurró.
—Descansa, cariño. Ha sido una noche intensa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....