Tobías aferró a Belén contra su pecho. Su corazón latía a mil por hora; el miedo y el pánico lo llenaban de una inseguridad abrumadora.
En el pasado, jamás había experimentado algo semejante.
Era precisamente por tenerla que el terror a perderla se volvía tan insoportable.
Antes, su único temor era no poder conquistarla.
Pero ahora todo había cambiado. Vivía con el miedo constante de despertar un día y descubrir que lo suyo con Belén había sido solo una ilusión.
Envuelta en sus brazos, Belén sintió la fuerza de su abrazo, pero también notó cómo el cuerpo de Tobías temblaba levemente.
En ese instante, una oleada de profunda ternura invadió su corazón.
Levantó la mano y acarició suavemente el brazo de Tobías, hablándole con dulzura.
—Tobías, no voy a volver. Solo hablaba de un caso hipotético.
Tobías la apretó un poco más y replicó con terquedad.
—Ni siquiera en casos hipotéticos.
Esa angustia de tenerla y sentir que podía perderla era asfixiante.
Pero, a la vez, ese nudo en el estómago le confirmaba que todo era real, que la dulzura de esos últimos días no era solo un sueño.
Belén entreabrió los labios, a punto de añadir algo más, cuando la voz de Leandro resonó desde el pasillo.
—Belén, ¿todavía no terminan de lavarse las manos?
Al escucharlo, Belén se apresuró a contestar.
—¡Ya estamos listos! Vamos enseguida.
Luego, empujó ligeramente el brazo de Tobías.
—Leandro nos llama. Tenemos que salir.
Tobías asintió, su voz aún apagada.
—De acuerdo.
Belén notó su bajón de ánimo. Se dio la vuelta despacio, levantó el rostro para mirarlo a los ojos y le dijo con ternura.
—Tobías, deja de darle vueltas al asunto. Vamos a cenar, ¿sí?
Tobías la miró, con un brillo obstinado en los ojos.
—¿Prometes que a partir de ahora solo tendrás ojos para mí?
—Por favor, recojan la mesa.
Los empleados asintieron y comenzaron a retirar los platos.
Tobías se quedó sentado a la mesa un rato más, pero la noche avanzaba, y si él no se iba, la familia Soler no podría irse a descansar.
Así que, con un nudo en la garganta y todo el pesar del mundo, se puso de pie lentamente y se dirigió a Leandro y a Dolores.
—Leandro, Dolores, ya es un poco tarde. Me retiro por ahora. Mañana a primera hora pasaré a buscar a Belén.
Al escuchar esto, Leandro comentó con total naturalidad.
—Ya es muy tarde, y si de todas formas vas a volver mañana temprano, ¿por qué no te quedas a dormir aquí?
Tobías se quedó paralizado. Por un segundo dudó de sus propios oídos.
Mientras seguía en estado de shock, Leandro añadió de pronto.
—¿Qué pasa? ¿Acaso no te agrada la idea de pasar la noche en la mansión Soler?
Tobías, sin pensarlo dos veces, se apresuró a aclarar.
—No, Leandro, ¡claro que quiero! Me encantaría quedarme.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....