—¡Ay, Joana! ¡Esta vez sí estamos en problemas, te lo juro que hablo en serio! —Isidora se apresuró a mostrarle a Joana las tendencias que estaban explotando en internet.
[#ElEstudioRenacerGanóElFestivalNacionalPorPalancas# ¡Explosivo!]
[#¿EstudioRenacerTieneTalentoOContactosPoderosos?# ¡Explosivo!]
[#EstudioRenacer, ¡Den la cara y expliquen!# Caliente]
[#EstudioCorrupto, ¡Sabrina, sal a responder!# Caliente]
...
Y así seguían, uno tras otro, tantos que ni tiempo había de terminar de leerlos todos.
El semblante de Joana cambió de inmediato.
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó, la tensión marcándosele en el tono.
Isidora, apurada, explicó:
—Un bloguero lo sacó todo a la luz, destapó tu relación con Sabrina y, como ella fue jurado en el Festival Nacional, ya te imaginarás... —Se rascó la cabeza y bajó la voz—. Además, la fábrica de telas con la que trabajamos ahora también es de Sabrina. Mucha gente está usando eso para armar escándalo.
Joana le quitó el celular y se puso a leer con calma cada comentario, cada trending, cada reclamo. Su cara se ensombreció aún más.
—¿Ya lograron contactar a ese bloguero?
Isidora negó con la cabeza.
—Todavía no. Cerró todas sus redes y, si alguien quiere decirle algo, solo puede dejarle comentarios en la publicación original.
Eso dejaba claro que todo iba a tener que resolverse públicamente.
Joana le dio vueltas al asunto en su cabeza, pero no lograba atar cabos sobre quién podría estar detrás.
Golpeó la mesa suavemente con el dedo índice y dio instrucciones:
Joana también estaba perdida.
—No sé, nunca habíamos tenido trato. Solo vi a Violeta una vez en la agencia de carros, nada más. Decir que la conozco sería exagerar.
Salvo ese encuentro, no tenía idea de por qué Violeta la miraba con tanta antipatía.
—¿No será que te tiene envidia? —dejó caer Isidora, con voz de quien no quiere meter cizaña—. Solo digo, es mi sospecha, no sé si sea verdad.
Sin embargo, esa idea le dio vueltas a Joana. Tenía sentido. Aunque no entendía qué le podía envidiar Violeta, había algo en esa mirada, como si la atravesara con rayos verdes cada vez que la veía. Siempre la miraba raro, o se le escapaba un resoplido molesto.
La única vez que Violeta la trató bien fue en la agencia de carros; después, su actitud cambió completamente.
—Mejor dejemos las suposiciones —cortó Joana, volviendo al presente, con la mirada fija en la pantalla—. Hay que resolver esto rápido si no queremos perder más clientes en línea. No podemos darnos el lujo de que el estudio siga perdiendo usuarios justo ahora.
Isidora asintió, tragando saliva, mientras las notificaciones seguían sonando sin parar —ding, ding, ding—, como si el mundo entero estuviera al tanto de su desgracia.
...

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