—Vamos.
La voz de Fabián la sacó de sus pensamientos. Tatiana forzó una sonrisa:
—Ya voy.
Al levantar la vista, vio el letrero solemne y familiar del edificio. Tatiana retrocedió unos pasos, con la incredulidad pintada en el rostro.
Fabián la miró de reojo, notando su reacción. Sonrió con sarcasmo:
—¿Qué pasa? ¿No querías venir conmigo?
—Pero dijiste que ibas a la empresa... —Tatiana señaló la entrada—. ¿Por qué estamos en el juzgado?
—No importa a dónde vaya, fuiste tú la que insistió en seguirme, ¿o no?
—Yo...
Tatiana se quedó sin palabras.
Fabián soltó una risa fría:
—Entonces ya está. Deja de darle vueltas y entra conmigo. No perdamos tiempo.
Había echado un vistazo rápido y notado que el coche de Arturo ya estaba allí. Solo le tomó un segundo atar cabos: en un evento tan importante para Joana, Arturo obviamente estaría presente. Dado que se llevaban bien, Fabián tenía que aprovechar el momento y aparecer ante Joana antes de que Arturo se llevara todo el crédito.
Tatiana se quedó clavada en el sitio. Sentía el cuerpo helado. Jamás imaginó que Fabián le jugaría esa carta.
—Fabián, ¿de verdad vas a hacerme esto? —preguntó incrédula, con la voz temblorosa.
Fabián se detuvo. Al ver la desilusión en el rostro de ella, soltó una burla y dio unos pasos hacia atrás para encararla:

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