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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 1205

Isidora solo pudo sacar la lengua en un gesto travieso y salió disparada hacia la puerta.

Joana negó con la cabeza y la siguió, resignada.

Los ojos grises de Arturo rebosaban de risa.

Era la primera vez que veía a Joana tan llena de vida.

Definitivamente, hay que convivir más con las personas para ir descubriendo poco a poco sus facetas interesantes.

Arturo sintió el corazón lleno de alegría.

Dio una zancada larga y alcanzó el paso de Joana.

Cuando el grupo llegó a la entrada, vieron un Ferrari rojo, de lo más llamativo, estacionado justo frente al Estudio Renacer.

Joana, confundida, se adelantó y le habló al coche:

—¿Qué está pasando aquí...?

Isidora jaló a Joana del brazo:

—Joana, no tenemos ni idea. En cuanto salimos, vimos este coche bloqueando el paso.

—Sí, y los vidrios son polarizados, no se ve nada hacia adentro.

Al oír esto, a Joana le pareció extraño.

Solo iban a un juicio, ¿por qué salían ahora estos fantasmas?

Joana estaba a punto de acercarse cuando la puerta del Ferrari se abrió.

Las líneas agresivas del auto le daban un aire vanguardista, y la puerta, al elevarse, parecía el ala de un ave desplegándose.

Joana arqueó una ceja y se disponía a avanzar, pero Arturo la detuvo del brazo.

Después de todo, aquel visitante no parecía traer buenas intenciones.

Arturo temía que si Joana se acercaba imprudentemente, pudiera pasarle algo.

Joana iba a decir algo, cuando vio asomar desde el interior un tobillo pálido adornado con una cinta roja.

Solo ver esa muñeca fue suficiente para que los presentes contuvieran el aliento.

Al segundo siguiente, se escuchó una voz familiar.

—¡Hola, mis chiquitines! ¿Me extrañaron?

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