—¡Joana, voy a recordar esta humillación, tenlo por seguro!
Al ver la escena, Dafne y Lisandro intercambiaron miradas, sintiéndose impotentes.
¿Acaso no se lo buscó la abuela solita?
Además, esta vez no fue culpa de mamá.
Dafne empujó levemente a Lisandro, indicándole que fuera a explicar.
La abuela estaba muy enojada y ya estaba grande; ¿qué tal si le daba algo?
Lisandro no tuvo más remedio que acercarse para explicarle el asunto a Renata.
—Abuela, esto no es culpa de mamá. Nosotros fuimos los que quisimos venir con ella. Y también fue porque papá tenía cosas que hacer y no pudo traernos.
Al escucharlo, Renata se quedó en shock.
—Lisandro, ¿es verdad lo que dices?
Renata agarró a Lisandro por los hombros, negándose a soltarlo.
A Lisandro le dolió un poco, pero se mantuvo firme defendiendo a Joana.
—Abuela, no tengo por qué mentirte. Además, si quieres saber si es verdad o mentira, solo llámale a mi papá y pregúntale.
Fue entonces cuando Renata se dio cuenta de lo estúpida que había sido.
Claro, debió haber llamado a Fabián directamente.
Había hablado tanto con Joana sin obtener ninguna respuesta.
Si las cosas eran como decía Lisandro, su comportamiento frente a Joana debió haber parecido el de un payaso.
Al pensar en eso, Renata sintió ganas de cubrirse la cara de vergüenza.
—¿Y por qué no me lo dijiste antes?
Renata miró a Lisandro con resentimiento.
Lisandro se frotó la nariz y dijo con inocencia: —Abuela, es que no me diste oportunidad de hablar.
Lisandro la miraba fijamente con sus ojos brillantes.
Y a su lado, Dafne parpadeaba con inocencia.


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