Arturo le pidió a Ezequiel que investigara, y así fue como llegó al parque de diversiones.
Al principio pensó que Joana seguramente estaba siendo amenazada por Fabián.
Por eso vino a toda prisa.
No esperaba ver esa escena...
Al recordarlo, Arturo se sintió aún más ridículo.
Pensó que Joana tenía problemas y necesitaba su ayuda, pero resultó que él era el que sobraba.
En el camino, Arturo tenía el corazón en un hilo.
Ahora se le había caído al suelo.
Ya no necesitaba preocuparse por nada más.
Al ver que Joana subía a los niños al coche y que Fabián se iba por su lado, los ojos de Arturo brillaron levemente.
¿Qué estaba pasando...?
¿No se suponía que regresarían juntos?
Además, estaban los niños.
Si caminaron juntos hacia la salida, ¿no deberían irse juntos?
Aunque Arturo estaba intrigado, no se atrevió a salir.
Lo que pasó en el estudio ya le había enseñado una lección.
Creyó que Joana estaba herida, pero resultó ser él quien se hacía ideas.
Pensando en esto, Arturo apartó la mirada y caminó hacia su propio coche.
Aunque sentía curiosidad, no era el momento adecuado para preguntar.
Arturo regresó a la empresa y, de la nada, les soltó a los directivos que estaban por salir: —Quédense todos a una junta, tengo algo que informarles.
Los directivos: —...—
¿Y ahora qué le picó a este hombre?
Ya casi era hora de salida, ¿por qué tenía que torturarlos justo ahora?



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