Si ella fuera su mamá, tampoco se habría perdonado a sí misma.
Con ese pensamiento, los dos no tuvieron más remedio que seguir los pasos de Joana.
Fabián colgó el teléfono y justo cuando iba a buscar a Joana, la vio caminar hacia él.
Fabián dijo con urgencia: —Joana, llegas en el momento justo. Lleva a los niños de regreso a la mansión Rivas, por favor.
—¿Y tú? —Joana frunció el ceño.
Fabián respondió con impaciencia: —Tengo asuntos que atender, si no, ¿crees que te molestaría?
—¿Los asuntos de la empresa son más importantes que tus hijos? —Joana no pudo evitar sermonearlo—. Fabián, te lo repito: estos dos niños son tus hijos, más te vale ponerles un poco más de atención.
—¡Ya lo sé! —El humor de Fabián estaba empeorando—. Te dije que volveré pronto. Es solo que me preocupaba que esperaras demasiado, por eso planeaba que tú los llevaras primero.
—No, gracias. No confío en tu palabra.
Joana tenía sus principios.
Si Fabián tenía cosas que hacer y chocaban con el horario de los niños, para Joana nada era más importante que sus hijos.
Pero Fabián insistió con firmeza: —Dije que los lleves tú. ¿Para qué discutes tanto? Joana, tienes que entender que mi tiempo es valioso, ¡no estoy para desperdiciarlo aquí!
Dicho esto, Fabián intentó pasar por el lado de Joana para irse.
En ese instante, Joana agarró a Fabián del brazo: —Llévatelos tú. Si tú tienes cosas que hacer, yo también.
—Tú sola, ¿crees que puedes detenerme?
Ambos se quedaron en un punto muerto, parados ahí mismo.
La gente alrededor comenzó a mirarlos.
Finalmente, fueron los niños quienes rompieron la tensión.
Lisandro dio un paso al frente: —Papá, mamá, ya no peleen. Nosotros dos podemos regresar solos. Si están ocupados, pueden pedir un carro que nos lleve.
Dafne lo secundó: —Sí, nos portaremos bien, no haremos ruido ni berrinches. Llegaremos seguros a casa.
Los dos pequeños, con rasgos idénticos, miraban sin parpadear a Joana y a Fabián.
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando el Anillo Cayó al Polvo