—Lo niegas todo con una sola frase. ¿Te parece justo hacerme eso?
Las palabras de Fabián dejaron a Joana en un silencio incómodo.
Para Joana, quien había cometido el error primero era Fabián. ¿Cómo se atrevía a hablarle de justicia?
¿Tenía eso algún sentido?
Joana puso distancia entre los dos y dijo sin rodeos:
—Digas lo que digas, ya te lo dije: eso es cosa del pasado. Si sigues con este berrinche, solo vas a lograr que todo termine peor.
Fabián estaba a punto de replicar, pero Joana se le adelantó.
—Y ni se te ocurra amenazarme con la prensa, no servirá de nada. ¿De verdad crees que voy a estar siempre bajo tu control? ¿Estás bromeando o todavía no entiendes tu situación actual?
Al escuchar esto, Fabián se quedó mudo.
Al ver la determinación en el rostro de Joana, sintió una punzada de dolor inexplicable en el pecho.
Imágenes de su vida con Joana comenzaron a brotar en su mente como una película.
Se llevó las manos a las sienes; sentía que la cabeza le iba a estallar.
Justo cuando iba a decir algo, sonó su celular.
Fabián quiso ignorarlo para seguir hablando con Joana.
Pero ella intervino:
—Contesta tu teléfono. De todas formas, no tengo muchas ganas de hablar contigo.
Dicho esto, Joana regresó directamente con los niños.
Fabián miró la espalda de Joana alejándose y sintió una irritación repentina.
Había sido difícil encontrar la oportunidad de estar con ella, y ahora, con este alboroto, las posibilidades a futuro se reducían.
Pero ella ya se había ido; tratar de detenerla ahora no serviría de mucho.
Fabián suspiró y sacó su celular.
Al ver un número desconocido, frunció el ceño instintivamente.
Aun así, contestó; ese número había llamado varias veces.
Se notaba que era una urgencia.

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