Debido a la organización de la fila, cuando Fabián logró entrar, se dio cuenta de que había quedado separado de Joana y los niños por dos familias enteras.
El bote tenía capacidad para seis personas. Fabián hizo un cálculo rápido con la mirada.
¡Maldición! El turno cortaba justo delante de él. Él tendría que ir en el tercer bote, mientras que Joana y los niños irían antes.
Era el colmo. Supuestamente era una salida familiar, y él iba a terminar sentado con un grupo de extraños. Su mirada se ensombreció, llena de frustración.
Joana, por el contrario, estaba con los niños como si nada, sin la menor preocupación.
Dafne levantó la vista para checar la expresión de su mamá, sintiéndose un poco indecisa.
Joana notó la mirada de la niña y adivinó lo que estaba pensando.
—Dafne, si quieres irte a jugar con tu papá, le puedo decir al encargado que te deje pasar con él —dijo Joana con una calma pasmosa.
Al oír eso, Dafne cerró la boca de golpe. Entendió el mensaje clarísimo: o estaba con mamá o estaba con papá. No había punto medio.
—No, mamá, yo me quiero quedar contigo —respondió la niña con voz dulce.
Vivía con su papá todo el tiempo, lo veía a diario. Pero los momentos con su mamá eran contados, y tenía que aprovecharlos al máximo.
Joana no dijo más, pero su mirada se oscureció un poco. Sabía lo que pasaba por las cabecitas de sus hijos. Querían algo que ella no podía darles: una familia unida. Dado que la familia Rivas los cuidaba, ella no tenía de qué preocuparse en lo material. Y si Fabián recuperaba la memoria, seguramente sería un buen padre. De hecho, parte de su objetivo hoy era tantear el terreno: ¿Fabián estaba recordando algo? ¿Realmente trataba bien a los niños?
Antes de que pudiera profundizar en sus pensamientos, escuchó un alboroto detrás de ella.
Joana frunció el ceño, intuyendo lo que pasaba. Giró la cabeza y vio a Fabián con el celular en la mano. Las personas en la fila también sacaban sus teléfonos, con sonrisas de oreja a oreja, haciéndose a un lado para dejarlo pasar.
—¿Qué pasó, hermano? —preguntó alguien detrás de Joana a su acompañante.
—Escuché que ese tipo quiere saltarse la fila y le está dando un billete de cien a cada persona que tiene adelante, ¡cuenten niños y adultos!
—¡No manches! ¿En serio? —El otro estaba incrédulo.

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