Al tratarla más a fondo, descubrió que su encanto no radicaba solo en su fuerza de voluntad. Joana sabía hacer de todo y, sin importar la magnitud del problema, siempre mantenía la cabeza fría.
—Ya pasó lo que tenía que pasar, ahora toca mantener la calma y aceptar las cosas —dijo Joana con una sonrisa serena—. Si nos ponemos ansiosas por cosas que ni han sucedido, es como pedir prestado para pagar deudas imaginarias...
Joana no terminó la frase, pero su expresión pícara hizo que Paulina captara el mensaje al vuelo. Por un segundo se quedó pasmada, y luego soltó una carcajada.
—¡No manches, Joana! No sabía que usabas esas expresiones tan de barrio.
La sonrisa de Joana se amplió.
—Soy humana, Paulina. Es normal que hable así de vez en cuando.
Al ver que Paulina se relajaba, Joana se sintió más tranquila.



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