Si la gente se enteraba, ¿no se morirían de la risa?
Pero pensándolo mejor, después de tanto tiempo sin llamar, el hecho de que lo hiciera de repente, ¿no significaba que realmente tenía alguna urgencia?
Tras darle muchas vueltas, Catalina finalmente decidió devolver la llamada.
Por su parte, Violeta, que ya tenía los nervios de punta, saltó del susto cuando el teléfono sonó de repente.
Al ver el nombre "Catalina" parpadeando en la pantalla del celular, su corazón se debatió sobre si contestar o no.
Las palabras del hombre de hace un momento seguían frescas en su memoria.
Si contestaba ahora y seguía siendo él, ¿qué iba a hacer?
Pero si era Catalina, ¿no podría aprovechar para ganar méritos?
Después de pensarlo, la ambición venció a la prudencia.
Violeta decidió contestar.
En cuanto a Arturo, la verdad es que ella nunca había renunciado a ese hombre.
—¿Aló? Eres...
Las palabras de Violeta llevaban un claro tono de prueba, queriendo saber quién estaba al otro lado. ¿Sería el mismo de antes?
Pero Catalina soltó una risa suave:
—¿Qué pasa? Hace poco que no hablamos, ¿y ya me has olvidado?
Al escuchar la conocida voz femenina, Violeta sintió incluso una sensación de alivio.
¡Qué bueno, era Catalina devolviendo la llamada!
—Señora, ¿cómo cree? —dijo Violeta endulzando la voz—. Podría olvidarme de cualquiera, ¡pero jamás me olvidaría de usted, señora!
—Ya, deja los halagos —Catalina no tenía paciencia para esas falsas cortesías—. Si llamaste es por algo, dilo directamente.
Catalina recordó la cautela inicial de Violeta y entendió perfectamente que Héctor debía haber contestado su llamada hace un momento, por eso hablaba con tanta sorpresa.

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