¡Y todo este problema había empezado por su culpa!
Paulina escuchó a Joana y agachó la cabeza para enviarle un mensaje a Cristina.
La respuesta llegó rápido.
[¡Quiero ver a Joana!]
Las pupilas de Paulina se contrajeron y su primer impulso fue responder que era imposible.
Después de todo, antes de que Cristina se fuera, Joana había tratado de convencerla de que se quedara.
Era una malagradecida que mordía la mano que le daba de comer.
Ahora quería contactar a Joana, ¡quién sabe qué malas intenciones tenía!
Pero al levantar la vista, se encontró con la mirada curiosa de Joana.
Paulina suspiró y le contó la verdad:
—Joana, quiere verte a ti.
Diciendo esto, le mostró la pantalla del celular.
Joana leyó el mensaje y suspiró para sus adentros.
Parecía que sí tenía que ir a verla.
Si no, quién sabe qué locura inventaría esa mujer.
—Dile que iré —dijo Joana en voz baja.
Paulina estaba preocupada:
—Joana, déjame ir a mí en tu lugar. Yo hablaré seriamente con Cristina.
Paulina agarró el celular emocionada, lista para responderle a Cristina.
Pero Joana le detuvo la mano.
Joana negó con la cabeza y sonrió:
—No pasa nada, estamos en un país civilizado, no me va a hacer nada malo.
Luego añadió con tono serio:
—Además, a quien quiere ver es a mí. Si vas tú, no sabemos cómo reaccionará. O tal vez no te diga lo que quiere decirme.
Paulina lo pensó y tuvo que admitir que tenía razón.
Se sintió un poco triste:



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