Además, ese enfoque era, sin duda, el más satisfactorio para vengarse.
Así que, ¿por qué dudar?
—Tranquilo, la mantendré vigilada.
En cuanto Arturo terminó de hablar, Ezequiel añadió:
—No se preocupe, Señorita Joana, tenemos controlados todos los movimientos de Tatiana. Cualquier novedad, le aviso.
Joana sonrió:
—No me preocuparé, confío en ustedes.
Al ver la hora, Joana decidió no entretenerse más.
—Me voy ya, mañana tengo que ir al taller a resolver unos asuntos.
—Le diré a Ezequiel que te lleve.
Dijo Arturo sin rodeos.
Joana iba a rechazar la oferta, pero Ezequiel ya tenía las llaves del carro en la mano.
Considerando que ya era tarde, Joana aceptó:
—Está bien, gracias por la molestia, Ezequiel.
—No es ninguna molestia, Señorita Joana, es parte de mi trabajo.
Dijo Ezequiel con respeto.
Era un honor. Llevar a Joana era una tarea codiciada entre el equipo de secretarios.
Poder llevar a la Señorita Joana significaba ser una persona de confianza para Arturo.
Después de todo, Arturo valoraba mucho a Joana.
¿Quién en la empresa no sabía eso?
Después de que Joana se fue, Arturo volvió a sumergirse en su trabajo.
...
Al día siguiente.
Joana llegó a Estudio Renacer.
Isidora corrió a informarle sobre lo que pasaba en internet.


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