Después de todo, mantener contenta a Cristina había dado resultados visibles.
[Lo haré.]
Tras responder el mensaje, Violeta respiró hondo y sintió que el pánico en su interior se calmaba un poco.
Miró las noticias en internet y sintió una gran satisfacción.
A estas alturas, Joana debía estar perdiendo la cabeza.
...
En el hospital.
Joana supervisó que Arturo Zambrano comiera su almuerzo y luego la cena.
Ella aprovechaba para trabajar en la habitación del hospital.
Arturo también intentaba avanzar con el trabajo en sus ratos libres, pero en cuanto Joana lo veía, lo detenía de inmediato.
—Tienes que descansar bien ahora, no pienses tanto, el trabajo no se va a ir a ninguna parte —le decía Joana con tono maternal.
Arturo arqueó una ceja:
—Joana, con esa actitud pareces mi...
Dejó la frase a medias a propósito para que ella adivinara.
Joana preguntó confundida:
—¿Parezco qué? ¿Ya te caigo mal de lo fastidiosa que soy?
—¿Cómo crees? Pareces mi esposa cuidándome.
Al escuchar eso, Joana se puso roja como un tomate.
—¿Qué tonterías estás diciendo?
Preguntó apenada.
Pero a Arturo no le pareció gran cosa:
—Solo digo la verdad. Además, me gusta que me mandes.
El ambiente entre los dos era muy cálido.
De repente, llamaron a la puerta.
—Adelante —gritó Arturo.
Cuando Ezequiel entró, sintió que la atmósfera era un poco extraña.


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