Al pensar en eso, el señor Prieto sintió que había algo más detrás.
Conocía a su hija lo suficiente.
Si no era estrictamente necesario, ella nunca se interesaría por esos asuntos.
—Papá, hice un trato con Tatiana —confesó Violeta con honestidad.
El señor Prieto se sobresaltó, y luego sintió una punzada de compasión por Violeta.
No se imaginaba que este asunto la hubiera hecho madurar tanto.
Sabía que ella seguía siendo una señorita mimada que nunca había tenido que ensuciarse las manos.
Una niña a la que él siempre había consentido.
—Esa Tatiana... he oído que en el círculo social no se habla muy bien de ella —dijo el señor Prieto con vacilación.
El incidente en la boda de Fabián se había convertido en el hazmerreír de todos.
Aunque se apresuraron a eliminar las noticias de las redes, era imposible callar las bocas de la gente.
Nadie que lo hubiera visto se resistiría a comentar el chisme.
Era la primera vez que Violeta oía hablar de eso.
No se imaginaba que los métodos de Tatiana fueran tan cuestionables.
—Y aun así, ¿la familia Rivas no la abandonó? —preguntó Violeta con curiosidad.
El señor Prieto la miró.
—Eso es lo que quería preguntarte. Si todavía pueden colaborar, eso solo demuestra que es una mujer con métodos muy cuestionables.
Al oírlo, Violeta abrió la boca, asombrada, y finalmente asintió.
Pensó que su padre tenía razón.
Cuando estaba con Tatiana, siempre andaba con pies de plomo.
Sin importar lo que hiciera, le gustaba tener un as bajo la manga.
También se había dado cuenta de que Tatiana no era una persona fácil de tratar.
En el fondo, el señor Prieto era egoísta.
Después de todo, Tatiana les había traído beneficios.
—Violeta, no importa lo que le hayas prometido a Tatiana, recuerda siempre guardarte un as bajo la manga con ella.
—Lo sé, papá.
Violeta ya había aprendido la lección.
En un instante, Tatiana sintió como si una mano invisible le apretara el cuello.
Su posición en la familia Rivas era cada vez más precaria.
Si no encontraba una manera de salir adelante, nunca podría ascender.
Lo que uno quiere en la vida, tiene que ganárselo por sí mismo.
La cara de Tatiana se puso roja, y luchaba por respirar.
—Yo... déjame explicarte...
Al oírla, Fabián aflojó lentamente la presión de sus dedos, dándole apenas espacio para respirar.
Tatiana jadeó, aspirando el aire fresco con avidez.
El humor de Fabián era tan impredecible que no le quedaba más remedio que seguirle la corriente.
—Yo... quería preguntarte por Dafne. Todavía no han vuelto y estaba muy preocupada.
Los ojos de Tatiana se llenaron de lágrimas, que comenzaron a rodar por sus mejillas.
—Te esperé en tu habitación y, sin darme cuenta, me quedé dormida. Lo siento, no debí haberme dormido en tu cama...
Se deslizó de la cama, su figura se veía algo torpe por detrás.

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