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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 1020

—Acuérdate, no vayas a alertar a nadie antes de tiempo.

Josefina levantó la mano y aseguró con firmeza:

—Tranquilo, sé perfectamente cómo manejar esto.

Al terminar de hablar, Josefina se dio media vuelta y salió del despacho.

Hasta su andar dejaba ver lo contenta que estaba, imposible disimularlo.

En el fondo, Fabián tampoco podía ocultar la satisfacción que le provocaba la situación.

Sabía que, en el trabajo, siempre era útil cultivar un par de rivales acérrimos. Y justo ahora, le estaba sirviendo de maravilla.

Con Josefina de su lado, si Andrés de verdad lo traicionaba, no tardaría nada en descubrirlo.

Por su parte, Josefina, apenas cruzó la puerta, dejó escapar una sonrisa aún más evidente.

Esta vez, Andrés mejor que se porte bien, pensó, porque si le pillaba algo, no lo iba a dejar pasar.

De repente, al girar la esquina, se topó de frente con Andrés, quien la miraba con curiosidad.

—¿Y tú por qué andas sonriendo como mensa? —preguntó él, arqueando una ceja.

Josefina sintió un pequeño sobresalto en el pecho, pero se recompuso enseguida y le soltó:

—¿Qué haces ahí parado, Andrés? Ni un ruido hiciste, casi me matas del susto. ¿No sabes que así espantas a la gente?

—¿O será que traes la conciencia sucia? —le reviró Andrés sin pensar demasiado. Entonces notó que ella venía saliendo de la oficina de Fabián.

Andrés entrecerró los ojos, sospechando algo:

—¿Qué te dijo el señor Fabián? ¿Te mandó de viaje o qué?

—¿Y a ti qué te importa? —le lanzó Josefina, rodando los ojos con fuerza antes de alejarse con paso decidido.

Andrés solo se quedó ahí, perplejo, sin entender nada.

Se rascó la cabeza y murmuró para sí:

—No vaya a ser que a Josefina le hayan subido el sueldo y ni avise...

...

Brisa Cafetera.

Violeta, con unas gafas oscuras que casi le cubrían la cara, ya llevaba rato esperando en la cafetería.

Y Tatiana, bueno... después de lo que pasó en la boda, algo había escuchado.

Aun así, Tatiana seguía en la familia Rivas.

Tenía una habilidad para salir bien librada que no era común.

Violeta lo tenía claro: con Tatiana, seguro no ganaba. Por eso, iba con pies de plomo.

El señor Prieto, por su parte, encontraba extrañas las preguntas de Violeta.

—¿Pero qué cosas dices, hija? ¿Cómo van a ponerme trabas? Es el Grupo Rivas, la empresa más reconocida de Mar Azul Urbano. Y eso de los contratos raros ni al caso, eso ni es legal.

Escuchando eso, Violeta por fin se quedó tranquila.

—Nada, papá, olvídalo. Me quedo más tranquila así. Si pasa cualquier cosa, me avisas, ¿sí?

El señor Prieto no le dijo nada más, pero al colgar, no pudo evitar pensar que Violeta había cambiado mucho.

Ahora, antes de hablar, ya pesaba mejor las consecuencias.

Nada que ver con la chica impulsiva de antes, que se lanzaba de cabeza sin pensarlo dos veces.

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