De vuelta del aeropuerto, César la miraba de reojo mientras ella jugaba distraídamente con los pétalos de las rosas. Esbozó una tenue sonrisa.
—Tenía planeado ir a buscarte en cuanto terminara con mis pendientes aquí, pero te me adelantaste.
—¿Acaso no te gusta que ya esté aquí?
—Por supuesto que sí —respondió él, girando la cara hacia ella—. No hay nada que desee más que tenerte a mi lado.
Celia sonrió, con un tenue brillo en sus ojos bonitos.
—De hecho, no vine únicamente por ti. Mi objetivo principal es que mi mamá se someta a la cirugía aquí en la capital. Aquí cuenta con los neurocirujanos más reconocidos del país.
César asintió suavemente.
—¿No te parece adecuada la idea? —preguntó ella, inclinándose un poco hacia su lado.
—No, me parece bien —dijo él, sin mirarla.
Como ella no apartaba la mirada, suspiró tomándola de la mano.
—Jamás se me ocurriría competir con tu mamá por tu atención —explicó.
Celia no pudo evitar soltar una carcajada. En ese preciso momento, el celular de César comenzó a sonar. Lía lo estaba llamando. Antes de que él pudiera decir nada, ella habló al otro lado de la línea:
—Tengo algo importante que contarte.
—Si me contactas, vas a terminar levantando sospechas innecesarias. Prefiero que te comuniques con Nicole por mensajes de texto —dijo él.
Lía, al notar que varios de sus compañeros de trabajo transitaban a corta distancia de ella, elevó de golpe el tono de voz.
—¡Solo te llamaba para decirte lo muchísimo que te extraño! ¿Acaso no me extrañas ni un poquito?
César se quedó sin palabras. Cortó la llamada sin más.
Todos los que la escuchaban se quedaron sin palabras… En ese momento, un empleado se acercó a ella e intentó interrumpirla:
—Señorita Morales…
Ella ni se tomó la molestia de volver la cara, pero él insistió con una expresión de vergüenza.
—Disculpe, es que…
Lía dio media vuelta con fastidio y se topó de frente con Nicolás, quien la observaba fijamente desde el umbral de la puerta. De la pura impresión, el celular casi se le resbala de las manos. Bajó la cabeza de inmediato, muerta de la vergüenza.
—Señorita Morales, nos encontramos en horario laboral. Su tono de voz es demasiado alto para esta área —la reprendió el empleado con cortesía.
—Les pido mil disculpas a todos… —murmuró entre dientes, deseando que la tierra se la tragara.
Nicolás retomó la marcha y abandonó el pasillo sin pronunciar una sola palabra. El resto de los altos ejecutivos lo siguieron. Lía por fin se atrevió a levantar la cabeza, observándolos alejarse. Se quedó inmóvil, luciendo exactamente igual a un globo desinflado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró
Últimos capítulos por favor...
Y? Cuando se van a poder leer los últimos capítulos? Solo están disponibles hasta el 837...
Y no te deja leer mas allá del 837. Como se accede a los últimos capítulos?...
Que fiasco de novela leer tanto para llegar al final que no es final 🤦...
Que fiasco de novela leer tanto para llegar a un final que no es final 🤦...
y el final para cuando?...
Que historia más laaaaaarga que hasta autora confundía los nombres de los protagonistas mientras la escribía 😄😄😄😄...
Se nota que es una novela oriental que sinceramente es demasiado machista, la mujer queda como una verdadera esclava medio liberada pero que se arrastra por los protagonistas masculinos, la mala demasiado perversa psicópata sociopata terrible, así siempre son los argumentos de novelas de oriente...
Asco de novela. La protagonista según es doctora y no sabe autodiagnosticarse su síndrome de Estocolmo. Parece que un abusador escribió esta novela....
detesto las historias en donde convierten al abusador en un heroe y martir, y de dejan ver a la mujer como una tonta que lo perdona, eso es inaceptable...