Entrar Via

Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 652

Tres días después de la cena de compromiso, no se había desatado el escándalo que todos temían. Se rumoreaba que Ferlín había enviado emisarios para disculparse personalmente con los invitados y darles regalos. Para el mundo exterior, el compromiso era un pacto entre los Rojas y los Zamora. Quiénes fueran los protagonistas era un asunto privado de la familia.

En cuanto a Celia, desde que recibió ese mensaje de Carlos, no había vuelto a tener noticias de César, ni un mensaje ni una llamada. No había recibido nada en tres días enteros.

Sin embargo, más que por él, su verdadera angustia era por la abuela Valeria. Enzo, que intuía su inquietud, aprovechó la cena para ir directo al grano.

—Si te sientes inquieta, ve a ver qué pasa.

Ella se sorprendió, levantó la cabeza y, tras meditarlo un momento, asintió con la cabeza.

—Justo iba a pedírtelo.

—Lo sé —dijo Enzo con un gesto restándole importancia—. Si no te atrevías a decirlo, te ayudaría, aunque no me hace mucha gracia que vuelvas a la capital.

Hizo una pausa y suspiró.

—Pero entiendo que creciste allí y que, en el fondo, quieres ir a ver qué pasó.

Celia dejó los cubiertos sobre la mesa.

—También quiero aprovechar para ver a Carlos.

—¿Carlos Sánchez? —Enzo hizo memoria—. ¿El hijo de tus padres adoptivos?

—Sí, ahora solo me tiene a mí. Soy su hermana, aunque no sea de sangre, debo ir a verlo.

Enzo sonrió con aprobación.

—Me parece bien.

De repente, se le ocurrió algo.

—Si a él no le importa, podría proponerle un puesto en nuestra empresa. Así lo tendrías más cerca.

—¿Vas a darle un trabajo por palanca? —Celia sonrió—. Bueno, le preguntaré si le interesa.

Enzo se puso serio de repente.

—En este mundo hay muchos talentos que no tienen un buen trabajo. El patrimonio que dejaron los padres es para sus hijos. Es una oportunidad que la mayoría de las familias jamás tendrá. Para alguien como él, esta sería una gran oportunidad. No todo el mundo tiene la suerte de encontrar a alguien que valore su capacidad.

Celia captó el trasfondo de sus palabras.

—¿Qué tiene de malo nuestra ropa?

—Se nota que vienen de otras ciudades y no se han enterado de lo que pasó con los Herrera. Esta mañana ya he llevado a dos personas al funeral. Ustedes no van por el evento, ¿o sí?

Al escucharlo, Celia se petrificó.

—¿Un funeral? ¿De quién?

—De la vieja señora Herrera. No se sientan mal por no saberlo. La noticia apenas ha salido de ese círculo. Yo me enteré hoy mismo —comentó el conductor con esa naturalidad despreocupada, para él era una charla tranquila con sus pasajeros. No notó cómo se les descompuso el rostro.

—Fue algo muy repentino. Me han contado que la señora Herrera y su nuera tuvieron un accidente de camino al aeropuerto. La anciana murió en el acto. Su nuera sigue en la UCI. Dicen que podría quedar en estado vegetativo. Menos mal que tienen dinero. Para cualquier familia normal ese gasto los dejaría en la calle.

Celia ya no pudo oír más. Al oír que Valeria había muerto en el acto, un zumbido ensordecedor le llenó los oídos. Palideció completamente, con la mente totalmente en blanco. Nicolás, al verla así, intentó sostenerla.

—¡Celia!

Ella no podía articular ninguna palabra. El dolor y la conmoción la golpearon con tal fuerza que empezó a temblar violentamente, e incluso sintió una punzada aguda en el vientre.

Antes de que todo se oscureciera y perdiera el conocimiento, lo último que oyó fue la voz angustiada de Nicolás gritando su nombre.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró