Grace
Caminaba hacia la casa de Eleanor y Wyatt, entrecerrando los ojos por el sol de la mañana, cuando vi una patrulla estacionada a unos pasos.
Reduje el paso.
“¿Qué hace una patrulla ahí?
Miré alrededor y examiné por instinto las casas cercanas. ¿Había ocurrido algún accidente o robo? Estuve a punto de restarle importancia y entrar, pero me detuve. Un policía estaba frente a la casa.
Se me cayó el alma a los pies. El corazón se me detuvo y me invadió el pánico. ¿Les habría pasado algo a Eleanor, Wyatt o los gemelos? Corrí hacia la casa.
—¡Disculpe! —grité con un nudo en la garganta.
El policía alzó la mirada, sorprendido. Se enderezó, me examinó deprisa y arqueó las cejas al reconocerme.
—Un momento... ¿es Grace? —preguntó.
—Sí —respondí y asentí enseguida—. ¿Están bien todos los que están dentro?
Miró hacia la casa y luego volvió a mirarme, confundido.
—Sí... Están bien.
Solté el aire, temblorosa y aliviada. Gracias a Dios. Ni siquiera quería imaginar qué haría si les hubiera pasado algo.
—¿Usted está bien?
La pregunta me tomó por sorpresa.
—¿Eh? ¿Por qué no iba a estarlo? ¿Pasó algo?
Exhaló despacio, como si no supiera cómo explicarlo todo de una vez.
—Primero entre, por favor. A sus amigos les va a dar un infarto si no la ven.
Todavía confundida, lo seguí hasta la puerta. En cuanto entré, escuché la voz de Wyatt.
—Llamamos a todos los que pudimos. Revisamos las cámaras de la calle y no hay rastro de ella después de que subió a ese taxi...
Wyatt estaba junto a otro policía y se pasaba una mano por el cabello, como si llevara toda la mañana haciéndolo. Eleanor estaba en el sofá; se tapaba la cara con las manos y tenía los hombros encogidos. Parecía no haber dormido nada.
—¿Y sus padres o hermanos? ¿Los llamaron?
Wyatt se puso serio y apretó las manos.
—No hace falta. Ya no tiene contacto con ellos.
—Ah. Aun así, creo que deberíamos...
El policía que entró conmigo se aclaró la garganta.
—Bueno, quizá quieran mirar hacia acá.
Todos se volvieron. Wyatt me vio primero y después Eleanor levantó la cabeza poco a poco. Los dos se quedaron mirándome.
—¡Grace! —susurró Eleanor con los ojos llenos de lágrimas.
Se puso de pie y cruzó corriendo la sala.
—Espera...
Antes de que pudiera terminar, se lanzó contra mí y me rodeó el cuello con los brazos. Retrocedí trastabillando hasta chocar con la pared y me quedé un instante con los brazos en el aire.
—¿Q-qué pasó? ¿Estás bien? —pregunté.
—¿Qué clase de pregunta es esa? —reclamó entre lágrimas—. ¿Te parece que estoy bien? ¡Estaba tan preocupada! ¡Creí que te había pasado algo!
La abracé despacio y alcé la mirada hasta encontrar los ojos de Wyatt. Ya venía hacia nosotras, como si acabaran de quitarle un peso de encima.
—Estábamos preocupados por ti —dijo—. Cuando llegamos a casa, no te encontramos y, encima, tenías el celular apagado, así que pensamos que te había pasado algo.
Claro. Mi celular. Anoche, cuando estaba borracha, apagué el celular a propósito. No quería que nadie nos interrumpiera mientras estaba con Apollo.
Ni siquiera se me ocurrió qué habrían pensado al llegar y descubrir que yo no estaba. Le di unas palmaditas suaves en la espalda a Eleanor, que seguía abrazándome con fuerza.
—Lo siento. Debí pensar más en ustedes.
Eleanor se apartó lo suficiente para mirarme. En cuanto lo hizo, lloró con más fuerza. Le temblaron los labios; intentó hablar, pero desistió, negó con la cabeza y volvió a abrazarme.
Tardamos un rato en calmarla. Cuando por fin respiró con normalidad y Wyatt le llevó un paño tibio, me volví hacia el policía, que observaba la escena en silencio.
—Disculpe la demora —dije mientras me enderezaba—. Fue mi culpa. Debí tener más cuidado.
El policía sonrió.
—No pasa nada, señorita. Usted es adulta. Les dije que es de lo más normal que alguien de su edad se quede fuera hasta tarde sin que eso amerite denunciar su desaparición.
Guardó silencio un instante.
—Debió verles la cara cuando les dije eso —añadió entre risas—. Parecía que querían matarme. Sobre todo la mujer.
—¿Eleanor?
Asintió.
—Sí. Su esposo tuvo que detenerla. La verdad, creo que, de lo contrario, se me habría lanzado encima.
Sonreí.
—A veces Eleanor puede ser dramática, pero nunca busca hacer daño.
—Ya veo —respondió mientras miraba a la pareja—. Tiene buenos amigos, señorita.

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