Ese sueño realmente fue tan hermoso, tan hermoso, y también tan real, tan real, que parecía que todo era cierto, como si de verdad tuviera esa vida.
Justo en el momento en que se sentía tan feliz, tan feliz que quería llorar de alegría.
Despertó.
No había hijos, ni se había reconciliado con su esposa, y en la casa vacía, estaba solo.
En el dormitorio, la televisión que siempre tenía encendida para hacerle compañía, estaba transmitiendo en ese momento la magnífica boda de su esposa con otro hombre. Su boda era realmente grandiosa y de ensueño, tan de ensueño que Simón recordó su propia boda simple y modesta, cuando se sintió culpable por no haber podido darle a Luz una boda espléndida.
Luz le había contado sobre un sueño en el que, antes de casarse, soñó que tenían una boda muy grande y hermosa, y que le encantó tanto.
Le había pedido que no se sintiera mal, que trabajara duro para ganar dinero, y que algún día, cuando tuvieran dinero, él le daría esa boda de ensueño.
Ella lo describía con tanto entusiasmo, su futura boda magnífica y de ensueño.
Recuerda que en ese momento, la abrazó fuertemente y prometió que un día le daría una boda tan grande.
Ahora, su sueño de una gran boda se había hecho realidad.
Pero no fue él quien se la dio.
Cerró los ojos.
Las lágrimas rodaron por sus mejillas.
Pero esas lágrimas no eran de felicidad, sino de dolor.
Un paso en falso, error tras error, arrepentimiento de por vida. Así, perdió para siempre a la persona que tanto lo amaba.
Villa Santa Clara...
Alejandro, quien nunca tenía pesadillas, tuvo una muy aterradora en su noche de bodas, en la que nunca encontraba a su esposa, su amor verdadero.
Pasaba su vida solo.
Esto lo despertó del sueño, y abrazó a Luz fuertemente, tan fuerte.
Hasta que Luz casi no podía respirar, y él, en pánico, la soltó.


Tenerlo a su lado en esta vida, casarse con él, realmente la hacía muy feliz.
Los ojos sinceros de Luz y sus palabras sinceras calmaron todas las inseguridades de Alejandro, y la abrazó aún más fuerte.
—Te haré más feliz cada día, más contenta cada día.
Después de su matrimonio con Simón, aunque Luz no dejó de creer en el amor verdadero, pensaba que el amor era efímero. Cuando se ama, es de verdad, pero cuando no se ama, también es de verdad.
Así que, aunque se permitió amar otra vez, nunca pensó que este amor duraría para siempre.
Por eso, al escuchar las palabras de Alejandro, confiaba en que en ese momento él hablaba con el corazón, pero no estaba segura de que realmente pudiera cumplirlo.

Por eso, nunca se imaginó que el amor de Alejandro por ella podría ser tan duradero. No solo no se desvaneció después de conseguirla, sino que cada día la amaba más y cada día la trataba mejor.
Hasta que ella tuvo el cabello blanco y su vida llegó a su fin.
FIN DE LA HISTORIA

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