Atrapar a una rata escurridiza no era tarea fácil.
Sin embargo, el ejército tenía sus propios métodos, lo que le daba gran tranquilidad a Samuel Ortiz.
Por su lado, seguían persiguiendo a Cecilia Ortiz, haciendo creer a Tiago que los habían despistado.
Lo más impresionante fue que José Ortiz incluso logró cambiar de vehículo a mitad de camino.
Era innegable que José era alguien sumamente hábil.
Samuel Ortiz estaba más que satisfecho con su desempeño.
Aunque cuando él estuvo en el campo de entrenamiento, Sara y José aún eran muy pequeños.
Allí, solo había quedado la leyenda de Samuel Ortiz.
Quizás ellos lo recordaran como el hermano mayor, pero él no los conocía en absoluto.
Pero después de esta operación, Samuel Ortiz nunca olvidaría a José.
Si no fuera porque él había elegido ser el guardaespaldas de la joven líder, le habría propuesto unirse a sus filas.
Pero siendo el guardaespaldas de la joven líder y acompañando a Cecilia Ortiz en el futuro, sería su aliado más fiel.
Samuel Ortiz jamás pensaría en robarle gente a su prima.
Era joven y, sobre todo, una mujer que necesitaba más protección.
—¡Nos descubrieron! —exclamó Agustín Sandoval de pronto.
Antes de que Samuel Ortiz pudiera preguntar, vio cómo un camión de carga fuera de control se dirigía a toda velocidad hacia ellos.
—¡Jerónimo Chávez! —gritó, llamando a su compañero que iba al volante.
La aparición repentina del camión dejó a Jerónimo sin tiempo de reaccionar.
El mayor problema era que justo a su derecha había un niño cruzando la calle.
Si giraba el volante en esa dirección y aceleraba, ¡el niño sería arrollado!
Entre esquivar el camión y atropellar al niño, Jerónimo tomó su decisión: se negaba a sacrificar a un inocente.
Con otros vehículos detrás, ¡no tenían adónde retroceder!
En el momento del impacto con el camión, Jerónimo solo deseó ser el único afectado.
Por desgracia, las cosas no salieron como esperaba.


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