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Casada en Secreto con el Heredero romance Capítulo 61

—Siempre pruebo algo nuevo cuando vengo aquí, pero al final siempre acabo pidiendo lo mismo —dijo Robin, sonriendo mientras hablaba.

—Qué curioso. Yo hago lo mismo —respondió Edward con indiferencia.

Siguiendo la conversación entre risas, ambos ignoraban la creciente tensión. Edward llamó la atención de Robin con dos golpes suaves en la mesa antes de hablar con voz impasible.

—¿Me alcanzas la sal?

—Claro —respondió Robin, extendiéndole el salero.

—Olvídalo, dame la salsa de tomate —rectificó Edward con un leve encogimiento de hombros.

Robin le entregó la salsa con un pequeño suspiro.

Tras probar unos cuantos bocados, Edward arrugó la frente, mostrando su desagrado.

—¿Por qué pica tanto esto?

Robin se volvió hacia él:

—¿No le dijiste al camarero que no le pusiera picante?

—Hmm —refunfuñó Edward, con el ceño fruncido. Dejó los cubiertos sobre la mesa—. Olvídalo. No voy a comer.

Robin dudó antes de ofrecerle:

—¿Quieres cambiar con el mío? No está picante.

Ya se habían besado antes, así que intercambiar los platos no parecía gran cosa.

Edward levantó una ceja, pero finalmente cedió, aunque de mala gana.

—Está bien.

Sentado frente a ellos, William observó el intercambio con curiosidad, sintiendo una extraña sensación que pronto ignoró, esbozando una leve sonrisa.

—Se llevan bien, ¿verdad? —preguntó.

Con evidente culpa, Robin respondió con un carraspeo: —Sí, ahora vivo con mi tío, así que estamos muy unidos.

—Ya veo —asintió William—. ¿Tu tío está casado?

Robin buscó la mirada de Edward, quien la observaba con una expresión cómplice, casi burlona, haciendo que su corazón diera un vuelco.

—S-sí, está casado —respondió torpemente.

William pareció satisfecho y sonrió suavemente. Al ver la comida de Robin, que era suya, la expresión de Edward se ensombreció y sintió un nudo en la garganta.

Con un profundo suspiro, tomó los cubiertos y comenzó a comer, aunque lentamente.

Para su sorpresa, la comida, al haber sido «quitada» a Robin, sabía mejor de lo que esperaba.

Después de salir del restaurante, William le preguntó a Robin si quería acompañarlo a la empresa.

Justo cuando ella estaba a punto de responder, la profunda voz de Edward cortó el aire.

—Robin.

El tono de su voz sugería que estaba a punto de ajustar cuentas…

De repente, sintiéndose pequeña, Robin retrocedió.

—Señor Carson, vaya usted. Todavía tenemos cosas de las que hablar.

—Muy bien, me voy entonces —William asintió y se marchó.

Una vez que se hubo ido, Robin observó con cautela a Edward, con voz suave.

—Señor Dunn, ¿está enfadado?

Había un ligero destello de burla en los ojos de Edward.

—¿Por qué ya no me llamas «tío»?

Robin se obligó a reír secamente.

—Hice lo que tenía que hacer. No quieres que nadie se entere de nuestra relación, ¿verdad?

Edward resopló, con voz baja y fría.

—¿Soy yo quien no quiere que se entere, o eres tú?

«¿Acaso cree que no me di cuenta de cómo le sonreía a ese chico? Cualquiera que no la conociera pensaría que está enamorada».

Robin sintió una punzada de culpa al notar el tono de su voz.

—Está bien, la próxima vez que diga que eres mi tío, diré que eres mi hermano.

«Es tan sencillo. Me ha tomado el pelo de peores maneras».

Edward le lanzó una mirada fría.

—Robin, eres increíble. Primero soy tu tío, luego tu hermano. ¿Qué será lo próximo? ¿Quieres llamarme «papá»?

Robin se sonrojó.

—¿Quién querría llamarte «papá»?

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